"No termino de entender cómo sigo adelante, pero cada vez me siento mejor y estoy retomando mi vida de nuevo", dijo Fernando Cáceres a la Cadena Ser, de España, y se mostró optimista al hablar sobre su futuro: "Ya puedo caminar, con ayuda, y quiero continuar con la rehabilitación para salir [del Instituto Fleni] y terminar el curso de técnico". Es que su vida dio un vuelco. Irremediable, casi mortal. En la madrugada del 1° de noviembre, el Negro, en un intento de asalto, resultó herido de bala mientras viajaba en su vehículo junto a una mujer por Ciudadela y, como resultado de ese hecho, llegó en estado crítico al hospital Ramón Carrillo. "La bala ingresó por la órbita derecha y quedó alojada [hasta ahora] en la parte occipital del cerebro. La clave estuvo en la rápida intervención del neurocirujano de guardia, quien le hizo una descompresión craneal en la que se le retiró una sección del hueso del cráneo, para que el cerebro se expandiera y así disminuir la presión interna que podía provocarle la muerte", comenzó el diálogo con LA NACION Diego Masaragian, jefe de Neurocirugía del Carrillo. Y agregó: "Esa misma noche lo operamos de nuevo porque que mantenía la presión intracraneana muy alta y era un riesgo por el gran edema cerebral que le produjo la bala, que podía matarlo. Intentamos proteger la parte del cerebro que tenía sana. Asumimos los riesgos para evitarle males mayores, como la pérdida de las funciones cognitivas".
Cuando parecía que su cuadro era irreversible, como por un milagro, el Negro comenzó una lucha titánica. Minuto a minuto. Hora a hora. Día a día. Y tras dos operaciones se repuso y pasó del coma inducido farmacológicamente a respirar por sus propios medios. "Su cuadro parecía definitivo, pero Fernando dio una lucha increíble y nos dejó atónitos. La fuerza y las ganas de vivir fueron más fuertes que todo lo que le pasó", explicó Rubén García, director del hospital provincial.
"Luego de las dos intervenciones, en menos de 24 horas, se le colocó un drenaje ventricular para que circulara el líquido cefalorraquídeo para dominar la presión intracraneana. Después tuvo que superar la fiebre que le produjo la bacteria hospitalaria Acinetobacter Baumannii, de gran resistencia a los antibióticos y, por eso, altamente mortal. Es el mismo germen que afectó a Sandro en los pulmones, mientras que a Fernando lo atacó en el cerebro y le produjo una meningitis severa. La estadística iba en su contra, pero él estuvo en el 15 o el 20% de los pacientes que superan ese tipo de lesiones", contó Antonio Di Sibio, jefe de Terapia Intensiva.
En esa pelea sin cuartel que emprendió, contó con el apoyo incondicional de su familia, sobre todo, y de ex compañeros del fútbol como Leonel Gancedo, quien, desde aquel 1° de noviembre, lo visita regularmente. Respecto de su familia, los doctores no salen del asombro. "La dignidad con la que encararon el proceso es admirable. Respetaron a rajatabla nuestro trabajo. Contuvieron el shock y la ira con gran hidalguía. Estuvieron concentrados en hacer todo por Fernando", dijo Di Sibio. Masaragian tampoco ahorra elogios: "Ellos estaban acuartelados en el hospital y eso ayudó mucho. Cuando vi que podía mejorar, la hermana me vio sonreír en uno de los informes y me dijo: «Bueno ahora empiezo a quedar más tranquila porque usted se rió después de dos semanas (contó entre risas)». La familia fue fundamental. En esas circunstancias críticas mostraron un equilibrio que sorprende". Mientras que para la máxima autoridad del Carrillo, el apoyo que brindó su entorno "fue algo fuera de lo común. Manejaron el dolor con una entereza pasmosa", señaló García, quien vislumbra un proceso largo pero con "muy buen resultado final porque, sin duda, Fernando en un mes estará caminando por sus propios medios". Masaragian, un poco más cauteloso, pero con el mismo optimismo, avizoró los tiempos por venir: "Parte de la movilidad en la pierna izquierda la está recuperando, pero a mí no me preocupa tanto si mueve o no la pierna. Lo que más me preocupa es si piensa o no para saber si mantiene un raciocinio conservado, porque eso hace a un ser humano. Y en eso, está intacto".
La palabra milagro estuvo a la orden del día desde el momento en que Cáceres comenzó a recuperarse. Y los médicos no le escapan a una expresión que, quizás, está más próxima a la religión que a la ciencia. "Lo de Fernando fue un milagro porque con todo lo que tenía salió adelante. El equipo médico actuó con gran pericia, pero hay que creer en que estuvo la mano de Dios", explicó García. Masaragian, sin mencionar esa palabra, no ocultó su alegría: "Uno se aferra a eso porque tuvo una infección gravísima y, sin embargo, se repuso". Y Di Sibio apuntó: "Cuando en la medicina sucede lo poco probable, surgen estas conjeturas y uno no las puede negar".
Hoy Fernando se encuentra, desde el 5 de enero, en el Instituto Fleni, en Escobar, realizando la segunda etapa de su rehabilitación y en breve comenzará con algunas salidas ambulatorias, que podrían comenzar este fin de semana o el próximo para ir, por unas horas, a su casa junto a su familia, soldados inquebrantables, compañeros leales en la batalla. "Nunca dudamos de que iba a salir. Nunca [remarcó con fuerza]. Ahora verlo así nos devuelve todo el esfuerzo que hicimos. Deseamos que pueda estar en casa para su cumpleaños [el próximo 7 de febrero cumplirá 41 años]", contó Ramón, su hermano, quien relató que el Negro cada vez que puede "se escapa", con su ayuda y complicidad, esa que sólo se da entre hermanos, a la confitería del Fleni, donde pide un tostado con café con leche. La fortaleza que supo tener en su época de jugador "la está recuperando. Pesa 62 kilos y le faltan diez o doce para volver a su peso", añadió uno de sus guardianes, que envió, a través suyo, un mensaje del ex jugador: "Agradezco a toda la gente que se preocupó. Ahora espero poder seguir adelante. No veo la hora de irme a mi casa para estar con los míos".
La segunda parte en el partido más importante que Cáceres haya jugado comenzó y se extenderá, en un principio, por 84 días. Cuando el calendario roce los últimos días de marzo, los médicos harán una evaluación y definirán los pasos por seguir. Mientras tanto, el Negro sigue de pie y dando, una vez más, sus primeros pasos.