Sin dobles discursos, ni mucho menos con declaraciones estridentes, ni altisonantes. Siempre con un perfil bajo, pero sincero. Muy sincero y frontal. Desdramatiza el fútbol. Le quita presión y hasta lo hace más terrenal. Así de fácil resulta definir a Ramón Cabrero, el ahora entrenador de Atlético Nacional, de Medellín, que nunca olvida sus orígenes en el club granate. Después de su familia, su otro gran amor.
Su actual equipo realizó la pretemporada en Buenos Aires y La Nación estuvo en el Hindú Club, predio que el DT eligió para hacer la pretemporada un poco más cerca de sus afectos. "Tenía ganas de trabajar un año afuera de la Argentina porque estoy muy identificado con Lanús. Mi idea era irme por un año para regresar a medidos de este año. Y fue una buena experiencia porque Atlético es un club muy grande, con una gran hinchada. Ellos [por los dirigentes] querían que hiciera un trabajo similar al que hicimos en Lanús para promover jugadores jóvenes", abre el diálogo.
-¿Cómo analizás tu segundo paso como DT en el fútbol internacional?
-Arrancamos más o menos. Trajimos a Jairo Patiño pero se rompió los ligamentos en el primer partido y perdimos a un jugador muy importante. Además al chico [Edwin] Cardona la selección Sub 17 se lo llevó y casi no lo pudimos utilizar. No llegamos a la final por un punto que la terminó ganando Independiente de Medellín.
-¿Qué les faltó?
-Fútbol. Teníamos el 50% del trabajo realizado. De mitad de cancha para atrás anduvimos muy bien pero nos faltó generar juego. El equipo se defendía muy bien pero fallaba arriba, en la zona de definición.
-¿A qué llamás jugar bien al fútbol?
-Jugar bien es que un equipo técnicamente tenga buenos jugadores en la zona de gestación. Por ejemplo, Lanús jugaba bien con chicos como Valeri, Blanco. Acá con Cardona se juntó a [Víctor] Ibardo empezamos a jugar mucho mejor. Uno a veces puede ganar pero no quedás satisfecho sino lo hacés con un gran despliegue.
-¿Qué conocías del fútbol colombiano?
-Nada. Realmente nada y eso hizo que costara un poco más porque uno tiene que conocer a los jugadores que más le gusta y a eso sumarle chicos jóvenes que, en definitiva, son una caja de sorpresas.
-¿Por qué sucede eso con los jóvenes?
-Por la edad. Por eso, hay que llevarlos de a poco para que consigan un equilibrio. No es tan fácil en tan poco tiempo que un jugador se consolide. Un superdotado, como [Lionel] Messi, aparece y marca la diferencia.
-¿Hay de esos en Colombia?
-Es muy difícil. Pienso que los chicos Cardona e Ibardo tienen muy buenas condiciones, pero no para decir que son superdotados. Además, hay una gran diferencia entre el fútbol colombiano y el fútbol argentino en lo que respecta a inferiores. Allá no hay campeonatos como los de AFA porque en la Argentina están los mejores campeonatos del mundo de inferiores y se arranca de muy chico hasta que competís en inferiores. En cambio, en Colombia, como en otras partes del mundo, eso no pasa.
-¿Entones cómo se detectan los talentos allá?
-Tarde. O de repente hay una par de categorías que compiten entre ellos. No hay un campeonato en toda Colombia, pero sí hay uno en Medellín y en otras ciudades. Es más complicado.
-¿Es distinto el jugador colombiano al argentino?
-Es muy dócil. Te pregunta mucho. Eso me sorprendió. Quizá ven el fútbol de otra manera, pero son respetuosos y aplicados al trabajo. No esperaba encontrarme con jugadores tan disciplinados.
-¿Con qué ciudad te encontraste?
-Medellín es una ciudad hermosa. Vivo en un departamento en un sexto piso y parece que estás bajando de un avión. Porque está rodeada de montañas con una vegetación hermosa y con 25 ó 30 grados todo el año. La gente es muy agradable. El hincha y la gente colombiana son muy respetuosos.
-¿Cómo se vive un clásico allá?
-Es diferente. Nosotros tenemos que aprender de ellos. Sí o sí. Son muy educados. Se respetan. Cargan pero con una medida.
-¿Se puede aprender?
-Es difícil porque estamos viviendo una crisis social en todo sentido. No es sólo el fútbol. Se perdieron los valores en muchos aspectos y es complicado cambiarlo. La violencia en el fútbol creció y está incorporada lamentablemente.
-¿Con qué idea fuiste respecto a la violencia, al narcotráfico.?
-No me fui con una idea mala. Lo que escucho mucho es que con el presidente [por Alvaro Uribe] se mejoró mucho. En Medellín uno vive en un círculo que quizás no se entere tanto, pero no escucho que roben autos, que haya muchos asaltos. Lo que sí hay es muchas peleas entre bandas, entre barrios.
-¿Cómo ves desde allá la situación argentina?
-Miro por cable TN [Todo Noticias] y me sucede lo que nos pasa a todos cuando estamos afuera. Nos da más miedo la situación del país. Las noticias son asustantes. Es muy difícil encontrar una noticia buena en la Argentina.
-¿Cómo nos ven a los argentinos?
-Tienen admiración por el argentino. Siguen viendo un país brillante dentro de lo que es Sudamérica.
-¿Estás solo allá?
-Sí. Mi señora [Noemí] estuvo 40 días y se volvió. A ella no le gusta para nada esta profesión. Por eso, es que estuve casi 10 años fuera del fútbol.
-¿Por qué?
Porque es una profesión que se sufre, pero más sufren tu señora y tus hijos.
-¿Sufrías más como jugador o cómo técnico?
-Como técnico. Yo como jugador no sufría. Me hacía mala sangre pero hasta ahí. Como jugador te hacés mala sangre por vos. En cambio, como técnico te hacés mala sangre por 18 personas. Sos el culpable de todo. Y llegan momentos en la vida que uno quiere estar más tranquilo.
-¿Qué cosas no soportás del fútbol?
-La ingratitud. Hay que ser más agradecido con muchos ídolos que le han dado al club.
-¿Se dramatiza mucho el fútbol?
-Sí, demasiado y esto no deja de ser un juego. No puede ser que un partido sea de vida o muerte. Hay muchas presiones. La televisión magnifica todo. No podés volverte loco por un partido de fútbol. Cuando ganás sos un dios y cuando perdés no servís para nada. No es así. Un gol no cambia tanto las cosas.
-A fin de mayo termina tu contrato, ¿regresás o te quedarías?
-No. Ya está decidido. Cumplo el contrato para volver a Lanús para encaminar el trabajo que teníamos en marcha, donde tengo contrato por 4 años. Cuando me fui tanto Alejandro Marón como Nicola [por Nicolás Russo] me dijeron que vaya y que el puesto en el club era mío.