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Vivir y ganar sin entrenador


Por Marcelo Gantman 

05 de Febrero de 2010 - 00:14

 

Roger Federer se perdió la cena de los campeones cuando ganó el título junior de Wimbledon en 1998. Su entrenador, Peter Carter, le había conseguido el primer wild car de su vida para jugar en el ATP de Gstaad y le aconsejó viajar de inmediato para Suiza para preparar bien su debut contra Lucar Arnold-Ker que le ganó 6-4 y 6-4. Federer no iba a pasar de la primera ronda en Gstaad sino hasta 2002. Ni tampoco iba a querer tanto a un entrenador como quiso a Peter Carter, su coach de toda la vida, que justamente en ese año morìa en un accidente automovilístico. "Este triunfo se lo dedico también a Peter y espero que lo esté mirando desde alguna parte. No fue mi primer entrenador, pero fue mi real entrenador", dijo Federer cuando ganò Wimbledon, ya en mayores en 2003, el primer Grand Slam de los 16 que ya lleva. Federer luego tuvo un trabajo sostenido con el sueco Peter Lundgren, recibiólos sabios consejos de Tony Roche, buscó la asistencia de José Higueras para desarticular el juego de Rafa Nadal en polvo de ladrillo, fue desairado por Darren Cahill que lo entrenò y lo dejó casi sin decirle adiós y ahora recurrer a los servicios temporales de Severin Luthi, el capitán del equipo suizo de la Copa Davis que si algo no le exige a Federer es jugar la Copa Davis.  

Podemos decir que la carrera de Roger Federer, seguramente la más exitosa en la historia del tenis, no se debe a su trabajo con un entrenador en especial. Federer es tan especial y ahora está tan abierto con sus expresiones que nos acaba de dar la fòrmula de su salsa secreta: "Nadie ama al tenis como yo", le contó a L’Equipe. Roger Federer no tuvo empachos en pedirle consejos a Pete Sampras justamente con la "perversa" intención de arrebatarle todos sus records disponibles. Aquel amor declamado por el tenis también se traduce en saber perfectamente como juegan todos los rivales hasta en las zonas más profundas del ranking de ATP. Dicen que en el circuito circula esa leyenda que en algunos casos estimula a los tenistas de menos cartel , que sienten como si Dios los mirara y supiera el nombre de cada uno de ellos.  

Las relaciones entre tenistas y entrenadores admiten muchos formatos. Guillermo Vilas cuenta que cuando lo buscó a Ion Tiriac para trabajar juntos lo hizo porque querìa a un tenista que no haya conocido la gloria y tuviera hambre para ir a conseguirla juntos. Otros entienden que para ganar un Grand Slam es necesario trabajar con alguien que ya lo haya ganado (como tenista, como entrenador, como amigo, eso no importa...) para traspasar esas vivencias a otro envase. Con ese argumento Boris Becker le pegó una sacudida mediática a Andy Murray, tras verlo caer en tres sets corridos, otra vez contra Federer, ahora en Australia. "Miro a su banco y no veo a nadie que tenga experiencia en lo que significa ganar un Grand Slam. Debería abrirse, hablar con gente como McEnroe para que lo aconseje...". McEnroe adora el juego de Murray y Becker fue discípulo de Tiriac, que para ese entonces ya sabìa que era estar en la cima.  

Se trata, en todo caso, del ascenso a una montaña que admite diferentes senderos que llevan al mismo lugar. El tenis del nuevo milenio fue perdiendo a los grandes maestros como referencia para los tenistas top y los entrenadores "viejos" y sabios intentan imponer sus verdades en medio del griterío. Quizás como tambièn sucede en el fútbol y tenga que ver con una tendencia de impacto generacional, son varios los tenistas que un año viajan por los torneos para jugarse la última bola de la noche y al año siguiente llegan reconvertidos en entrenadores. Conocedores de como funciona cada engranaje del circuito, no tardan en armar su "pool" de jugadores y empezar el cambio de piel.  

El tenis argentino ha vivido esa experiencia que a decir verdad ha sido exitosa. Un lote de entrenadores ganó màs prestigio desde afuera de la cancha, con la mirada seria bajo la gorra y la mano en el menton que con la raqueta. A nadie escapa que la relación de los tenistas argentinos con sus entrenadores ha sido por momentos bastante promiscua.  

Dicen que es imposible encontrar un contrato firmado entre un tenista y un coach. Los acuerdos son de palabra. El entrenador primero atraviesa por categorìas indefinidas como "viajar con..." y "acompañar a..." para finalmente conformar una pareja estable.  

Quizás lo generacional influya de verdad: David Nalbandian y Guillermo Coria, de una época diferente a Gastòn Gaudio y Juan Ignacio Chela, fueron dos tenistas al que resulta difìcil relacionarlos con un entrenador específico. Gaudio es Franco Davin y Chela es Mariano Monachesi, aún cuando no estuvieron a "full" con ellos dos.  

No siempre queda claro que busca un tenista en un entrenador. ¿Un amigo? ¿Un solucionador de contingencias? ¿Una compañìa para mitigar la soledad de los viajes?  

Juan Martìn Del Potro pudo tener muchas buenas razones para reparar en Franco Davin para que lo entrenara. Pero lo que seguro ya tenía era un entrenador que habìa ganado un Grand Slam. Davin repitió su historia y comenzó una nueva para Del Potro.  

Roger Federer jamás encontró en otro entrenador lo que se le fue con Peter Carter en ese accidente de autos. Y en el camino no tuvo mejor que idea que revolucionar la historia del tenis para siempre. Solo.  

TAGS: Marcelo Gantman, Tenis
 
 
 
 

 
 
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