Seis meses son un siglo en el fútbol argentino y de aquí a los días posteriores al Mundial atravesaremos millones de circunstancias, pero también es posible especular con un elemento importante en ese escenario futuro. Para poder entrar en esa conjetura habría que dejar de lado la posibilidad de que la Argentina, contra todas las dificultades que se impone a sí misma, gane ese torneo en Sudáfrica. Si eso ocurre, y atendiendo al poder que los resultados tienen en nuestro medio, habría que considerar seriamente la posibilidad de que se ratifique a Maradona como entrenador del seleccionado.
Salvo por esa variante, este semestre que acaba de empezar, y en especial el torneo Clausura, también será teatro de una carrera personal para los entrenadores. En particular para quienes se consideren o sean considerados con posibilidades de suceder a Maradona. Deducir que lo que pase en los próximos meses será fundamental en ese sentido no es más que observar lo que viene siendo costumbre desde los tiempos de Menotti, como mínimo. A partir de entonces, la mayoría de las elecciones para ocupar ese puesto estuvieron guiadas por la cruda actualidad, por la línea más fresca del currículum de los candidatos (la de Maradona es una excepción muy singular). Lo saben los entrenadores de hoy, tanto como que su cartel puede variar asombrosamente en poco tiempo y que la cuestión es, básicamente, llegar bien parado al momento justo.
En ese criterio ni Diego Simeone ni Américo Gallego deben ignorar que entrarán en la consideración seria según lo que hagan de aquí en más con San Lorenzo y con Independiente. Tienen perfil y antecedentes, pero es muy probable que necesiten ganarse la impresión del último round. Con los matices personales de estilo, se labraron una foja bastante respetable, tanto como construyeron la batería de seguidores y detractores de todo entrenador rodado y con oficio. El paisaje entre la competencia, por lo menos la que se dará en nuestro medio, los muestra a ellos dos como las opciones de mas peso por sobre algunos colegas a los que no se les pueden negar acciones. En estos últimos tiempos, hombres de distinto grado de fogueo como Antonio Mohamed, Fernando Gamboa y Luis Zubeldía –los dos primeros a menudo acercados virtualmente al cuerpo técnico de Maradona– se hicieron de un prestigio atendible. Fuera de ese círculo, dos nombres sobre los cuales, por diferentes motivos, siempre habrá una expectativa considerable: Marcelo Bielsa y Carlos Bianchi. Salvo que Sudáfrica imponga otros planes.
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