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Distintas formas de jugar sin un volante tapón


Por Christian Leblebidjian
De la Redacción de LA NACION 

09 de Febrero de 2010 - 00:22

Por lesiones, pero también por elección de sus DT, Estudiantes y Racing salieron a jugar en la 3a fecha del Clausura sin un mediocampista de marca característico. Estudiantes tiene golpeado a Rodrigo Braña, y por eso Sabella, como ya había decidido para el clásico con Gimnasia, se la jugó dentro del habitual sistema 4-4-2, con un medio campo compuesto por Maxi Núñez (reemplazó a Enzo Pérez), Verón, Benítez y Carrusca, todos ellos con más vocación ofensiva que defensiva. ¿Cómo le fue? En apenas un tiempo limpió de la cancha a San Lorenzo con un gran trabajo colectivo en posesión de la pelota y un sacrificio idéntico cuando la perdían.  

Estudiantes es uno de los pocos equipos donde sus defensores mantienen con criterio la posición de marca incluso cuando sus volantes o delanteros tienen el balón. Por eso asfixió al Ciclón, no lo dejó mover y recuperó la pelota no bien la perdió con la colaboración de todos. Por eso debió ser amonestado Sosa luego de un foul a Papu Gómez, por ejemplo. Siempre hubo tres jugadores suyos contra uno de San Lorenzo y eso lo consigue con orden, con una concentración admirable de sus hombres de ataque, que no se distraen y cuando pierden la posesión enseguida pegan la vuelta para volver a ubicarse por detrás de la línea de la pelota. Es automático, como la pausa y la tenencia del balón, capitaneada por Verón. Estudiantes no lo hace para gozar al rival. Al contrario, la tenencia es una demostración de fútbol, de que lo simple siempre se impone a lo complejo. El partido estaba 2-0 y el Ciclón jugaba con diez por la expulsión de Aguirre, pero Estudiantes movió la pelota de tal forma que llegó a los 35 pases sin que ningún rival interfiera en la acción. Incluso la misma fue terminada con un remate desviado de Hoyos.  

Ahora bien: Sabella sintió que igual al equipo le faltaba un volante tapón para aproximarse al ideal de rendimiento. No se dejó nublar por las mieles de los goles: en el entretiempo puso a Matías Sánchez por Carrusca, pasando Benítez a la banda izquierda. En el caso de Estudiantes, el orden colectivo, el pressing y las calidades individuales disimularon la falta de un tapón. Pero esto sí lo había sentido ante Gimnasia.  

Racing sufrió la falta de Yacob, lesionado, y a diferencia de Estudiantes, fue un equipo larguísimo entre líneas. Vivas jugó con un 3-4-1-2 (Castromán fue más enganche que delantero), pero la línea de medios Mercado-Falcón-Lucero-Licht desentonó. Racing sufrió en defensa porque fue la primera línea de oposición, porque la tibieza de su medio campo no actuó de filtro para los intentos de Arsenal. En el entretiempo (una modificación similar al que hizo Sabella), ingresó Ledesma por Falcón, pero nada cambió.  

Racing fue un ataque a puro vértigo, sin juego colectivo, sin pausa. Nunca tuvo el control del juego, ni siquiera con el 1-0 o el 2-1. En el gol de Jara increíblemente quedó Ayala mano a mano y con Martínez volcado en ataque; en el segundo nadie bloqueó el remate de Galván; en el tercero quedó enganchado Cahais (las diagonales no se persiguen) y, en el cuarto, De Olivera –que hasta ahí había sido figura–, dio un rebote que fue capitalizado por Obolo. La Academia no consiguió seguridad ni siquiera cuando Vivas rearmó la línea de 4 en el fondo. Hubo responsabilidades individuales en defensa, pero en todo el partido el principal déficit estuvo en el medio campo, que –sin un tapón– nunca le ofreció presión ni oposición a los pelotazos rivales. Los volantes de Arsenal se manejaron con una libertad asombrosa y desajustaron a una línea de tres zagueros que, de por sí, necesita muchísimo más trabajo. No sólo para Racing, sino para cualquier equipo.  

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