El rugby argentino empieza a transitar 2010 bajo un eje que difiere absolutamente de lo que estaba acostumbrado. Ya se acabaron las largas vacaciones que sólo se interrumpían con los Sevens playeros, para extenderse hasta fines de marzo, cuando el primer acontecimiento a la vista era el Campeonato Argentino. Febrero se muestra ahora con una agenda cargada a pleno, tanto adentro como afuera de la cancha, con hechos y decisiones que marcarán un antes y un después en la vida de la ovalada doméstica.
Mientras un seleccionado de Seven se alista para disputar mañana y el sábado una nueva etapa de la Serie Mundial de la IRB en Las Vegas, el plantel que viajará a Sudáfrica para jugar la Vodacom Cup afrontará el sábado un amistoso de preparación en Tucumán, ante el seleccionado de esa provincia, con el debut del nuevo entrenador, Daniel Hourcade. A propósito de esto, en las últimas horas Ricardo García Fernández renunció por diferencias de criterios a su cargo en la subcomisión de Alto Rendimiento de la UAR, por lo cual no irá como manager de la delegación. Su lugar lo ocupará Franco Rossi, quien está al frente del Pladar Litoral. Pero más allá del juego, la atención sigue centrada en qué resolverá Buenos Aires con respecto al Pladar. Anoche hubo una reunión de los presidentes de los clubes en la sede de la URBA, donde surgió un primer avance, ya que el miércoles, el flamante presidente de la UAR, el tucumano Luis Castillo, concurrirá hasta la calle Pacheco de Melo para detallar en qué consiste ese plan y para responder las múltiples preguntas que andan dando vueltas.
A instancias del titular de la URBA, Néstor Galán, el tema Pladar volverá a tratarse una vez que Castillo dialogue con los presidentes de los clubes. Después de ese encuentro, entonces, es de esperar que al fin surja otro que muestre al menos un nuevo mapa de cómo están parados los clubes de Buenos Aires luego de la resolución que en forma unánime adoptaron en mayo pasado, cuando pusieron como plazo el 1º de enero de 2010 para que los jugadores opten por el Pladar o sus clubes. Como ya se anunció en La Nacion, ahora hay más de una postura, y la única manera de ratificar o modificar lo ya resuelto es través de una asamblea extraordinaria. De todos modos, debe hacerse un ejercicio de mirar más allá de lo que resuelvan los clubes de Buenos Aires, porque lo cierto es que el Pladar ya está instalado en el rugby argentino y sigue su marcha sin que se vislumbre por ahora un debate más amplio y más profundo de cómo terminará repercutiendo en el futuro. En ese sentido, quizá ayude que desde la URBA se extienda la prórroga que no debería servir únicamente para que los jugadores del Pladar continúen representando a sus clubes. El asunto posee más aristas de análisis que eso, porque también habrá que ver a cuánto asciende en los próximos años el número de jugadores involucrados y, fundamentalmente, cómo se lleva adelante ese proceso con los Juveniles.
Ahí existe un hueco informativo demasiado grande para lo que está en juego. Por eso, parece imperioso que el Pladar se siga debatiendo al máximo, ya que necesita ser un proyecto adaptable a la idiosincrasia argentina, que no es la misma que la de los poderosos del Sur ni de los del Norte ni de lo que quiere la IRB. Un modelo propio no transcurre únicamente por tener un seleccionado estable en la Argentina. Por eso, entre las decisiones a tomar, el rugby argentino debe contemplar el juego (de lo que menos se habló en todo este embrollo), la preparación (no suena conveniente, por ejemplo, que los jugadores que vayan a la Vodacom se tengan que pagar la comida dos días de la semana), lo económico (cómo se repartirá el dinero que está sobre la mesa) y determinar de qué modo y cuándo se establecerá la división de aguas, que a esta altura es inevitable.