Mark Miles quiso comprobar con sus propios ojos como funcionaba la novedad. A cargo de la ATP bajó hasta Sudámerica para conocer como se estructuraba la nueva gira latinoamericana con los torneos de Buenos Aires y Viña del Mar. Todavía el campeonato de Costa do Sauipe se presentaba como un atractivo turìstico para aquellos jugadores que luego del US Open quisieran combinar algo de acción en canchas de cemento con buenas playas y lindas chicas. Miles estaba satisfecho con lo que se había montado en Buenos Aires: "No en todas partes del planeta se puede ver al número uno del mundo del tenis con una entrada que cuesta 10 dólares", reflexionaba Miles, por entonces el máximo jefe de la ATP.
Objetivamente la descripción era correcta: la convertibilidad permitìa vender un ticket a 10 pesos/dólares y el número uno del mundo era un tenista amante del polvo de ladrillo que vivía a dos horas de avión de Palermo: Guga Kuerten. La primera edición de lo que hoy es la Copa Telmex tuvo esa confluencia de factores y todos pensaron, que en el futuro, siempre un número uno del ranking estaría accesible para bajar hasta acña. La buena noticia fue que a diferencia de lo que había sucedido los ochenta y los noventa, los estallidos económicos de la Argentina no se llevaron puestos al campeonato. Terminada la convertibilidad, con un dólar más costoso, el ATP de Buenos Aires se achicó y se agrandó según las posibilidades de cada edición. Y terminó robustecido: ya nadie pregunta si el año que viene el torneo se va a hacer. Ya se lo da por descontado.
Cuando en 2001 se estableció la fecha de ATP en la Argentino se trató de un acto de estricta justicia. El potencial de los tenistas argentinos estaba en un punto de ebullición tan a punto de romper que organizar un torneo "en casa" cobraba más sentido que nunca. El campeonato fue el ganado por Guga Kuerten con la sorpresiva llegada de José Acasuso desde la clasificación. Eran tantos los argentinos en el cuadro que por la parte de abajo, con Franco Squillari como segundo favorito, todos los choques que se dieron desde su primera ronda hasta la final fueron entre jugadores locales: Squillari a Calleri, Squillari a Chela, Acasuso a Squillari, Acasuso a Gaudio y Kuerten a Acasuso. La Argentina era una incansable productora de tenistas y aguardaba la maduración de Guillermo Coria y David Nalbandian (ese era el orden en 2001 y con ventaja para Willy...) como un recambio visible pero que todavía no era necesario.
El ATP de Buenos Aires fue en estos diez años el reflejo local del fenómeno global. El tenis en los 2000 se expandió en todos los contienentes, pero como toda industria del entretenimiento que mueve dinero tiene mercados más consolidados y otros modestos. El ATP de Buenos Aires fue siempre identificado como un torneo donde los jugadores iniciaron su proyección. Chico pero interesante. Una plataforma para propios y extraños. Acá vino Rafa Nadal en 2005 y perdió ese partido tan loco con Gastón Gaudio 6-0. 0-6, 1-6 en cuartos de final. Se fue y no lo vimos más. Jugó Juan Martín Del Potro en 2006 con 17 años, desgarbado y con una cabellera que no lograba acomodar y perdió de entrada con Juan Carlos Ferrero 6-4 en el tercero. Acá han sido ovacionados y silbados sin piedad Guillermo Coria y Gastón Gaudio, campeones y villanos según el humor de la platea. Buenos Aires logró finalmente que David Nalbandian se esforzara sin desmayo en 2008 para ganar como local y tiene ahora a Juan Mónaco como nombre destacado en las últimas temporadas. Acá se experimentó y nació muerto en 2007 el proyecto de la ATP de comenzar los torneos los domingos e imponer el sistema de round robin.
La descripción estaba al alcance de cualquiera. Lo interesante es poder entender como ya es habitual esperar la tercera semana de febrero para que buena parte del tenis del mundo toque timbre en Buenos Aires. El torneo tuvo tentaciones de megalomanía y se especuló con un estadio gigante en Nordelta para organizar una fecha de ATP y WTA juntos, apenas por detrás del Miami Open. Una locura. Menos alocado pero igualmente inviable fueron las ideas de llevar la Copa Telmex al Parque Roca, estadio del que todos se llenaron la boca pero nadie cuida ni mima.
Las entradas ya no cuestan 10 dólares y es imposible que venga el número uno. Tampoco el 2 y el 3. La tentación ahora lleva a pensar en una gira latina sobre canchas de cemento, el tema obligado en la sala de prensa del torneo desde el próximo lunes. La agenda de consultas marcará su propio rumbo. En el mundo real, lo que cuenta, es que la Argentina festeja sus diez años de una fecha en el calendario de la ATP estable y segura. En un medio donde los proyectos deportivos se declaman y a veces no pasan de un aburrido PowerPoint, está más que bien.