Boselli fue el goleador de la Copa Libertadores 2009 y empezó con todo en 2010; Silva fue campeón con Banfield y volvió a Vélez como un refuerzo de lujoEstudiantes y Vélez avanzan como tanques en los primeros desafíos de la doble competencia, entre el Clausura y la Copa Libertadores. Algo de eso podía intuirse por los últimos antecedentes, por esa línea de conducta que los llevó a los momentos de gloria. Tienen un largo recorrido por delante y el derrotero de ambos campeonatos marcará sus predilecciones. Pero, al menos por ahora, ellos parecen firmes, sólidos y blindados. No se estancan y arrasan los obstáculos.
Con varios puntos en común consiguieron una estabilidad que envidian los más poderosos: orden institucional, planteles competitivos y ambiciones altas. Por eso bien vale adentrarse en esos mecanismos sincronizados cuyas piezas no crujen ni chirría n. De Estudiantes a Veléz...
Estudiantes no cambió el modelo al que se aferró allá por 2006, un itinerario elegido a partir del regreso de Juan Sebastián Verón. Un hombre de la casa, Alejandro Sabella, está hoy al mando de un plantel que en los últimos tiempos consiguió dos títulos, el Apertura 2006 -con Diego Simeone como DT- y la Copa Libertadores 2009, y que jugó cuatro finales, ya que perdió la Sudamerica 2008 y el Mundial de Clubes 2009.
Trata de sostenerse sobre una base y se refuerza con jugadores de nombre, probados, pero que buscan un desquite: Gastón Fernández, Mauro Boselli, Marcelo Carrusca, José Sosa y Agustín Orion, por citar algunos casos recientes. Las incorporaciones se agregan a la columna que forman Leandro Desábato, Verón y Rodrigo Braña y el plantel se amalgama con naturalidad. El de Boselli es un caso testigo. Ya tuvo ofertas millonarias y piensa más allá: "Me esfuerzo para que me llame Diego. Me motiva que mira mucho el fútbol local", dijo ayer, en TyC Sports. Los jóvenes aparecen a su tiempo, como Maxi Núñez, Michael Hoyos y Marcos Rojos, y dentro de una estructura que los ampara.
No sólo se mueve con soltura en el terreno, sino que también tiene influencia en las otras decisiones. Contribuyó con algunas reformas en City Bell -sobre todo en el gimnasio-, se volvió una voz de consulta para los dirigentes y hasta tuvo influencia en algunos casos con sus compañeros: por ejemplo, convenció a Braña para que se quedara pese a una suculenta oferta de México y habló con Sosa una y otra vez. Estudiantes se mueve a su ritmo.
Acaso una de las principales diferencias con Vélez sea el recambio. Tal vez sin tanta abundancia en cuanto a nombres, en la ofensiva, por caso, las decisiones de Sabella saltan a la vista antes que las de Ricardo Gareca. Mañana, ante Independiente, en Avellaneda, Estudiantes reservará algunas piezas para la Copa Libertadores. El torneo internacional, la defensa del título, es la principal ambición del Pincha y se aferra a ella.
Salvo por el controvertido alejamiento de José Luis Calderón, no se vieron grandes fisuras en el plantel. Es más, hasta se unieron para dar la cara frente a los pedidos de la barra brava. Otro caso: Damián Albil, titular en el Mundial de Clubes, perdió el puesto con Orion y aceptó ser suplente. Casi no se advierten conflictos.
Salió campeón en el Mineirão, ante Cruzeiro, estuvo a dos minutos de ganarle a Barcelona, con Lionel Messi y Cía, y se recuperó de la dura caída en el clásico frente a Gimnasia por 3-1.
Cuando algunos lo miraban con desconfianza, Ricardo Gareca, confeso hincha del club, llegó y fue campeón en el Clausura 09. Los jugadores se adaptaron rápido a su pensamiento y se aliaron con su estilo de conducción, descontractura, frontal y eficaz. Fue otro hombre de la casa que consiguió rápidos resultados. Durante la mayor parte de su etapa logró equilibrio: potencia ofensiva y una fuerte defensa.
Vélez demostró que, pese a las buenas divisiones inferiores, siempre es necesario reforzarse para sostener una estructura y, claro, para potenciarla. Las ventas en los últimos tiempos le permitieron reinvertir en el conjunto. Así llegaron Víctor Zapata, Maximiliano Moralez, Sebastián Domínguez y Leandro Caruso, por citar algunos apellidos.
Entre la base que tenía, los juveniles que se ganaron un lugar, como Nicolás Otamendi, y las incorporaciones, Vélez tiene uno de los planteles más ricos de la Argentina. Tanto es así que puede darse el lujo de reunir seis atacantes de primer nivel: Rodrigo López, Santiago Silva, Juan Manuel Martínez, Rolando Zárate, Jonathan Cristaldo y Caruso. Vale recordar que Silva jugó a préstamo en Banfield; fue campeón y goleador del Apertura 2009 y, cuando volvió al Fortín, su continuidad estuvo en duda por todas las variantes mencionadas.
El material de calidad le permite a Vélez concentrarse con el mismo ahínco en el torneo Clausura y en la Copa Libertadores. Perdió puntos valiosos en el empate 1-1 con Colón, pero después se repuso contra Arsenal (3-1) y con Gimnasia (2-1). Ni que hablar del sólido éxito con Cruzeiro, de Brasil, por 2-0, en el terreno internacional. No privilegia ninguna competencia ni escatima esfuerzo. Después de todo, el cambio de piezas parece otorgarle el mismo empuje. De a ratos, pese a alguna variante eventual, da la sensación de que siempre juegan los mismos.
Vélez consiguió ganarse la consideración de una hinchada que muchas veces hizo sentirles el rigor a sus jugadores. Dentro de ese esquema, la situación fluyó hacia un respeto que trasciende los límites del terreno. Hay casos puntuales. Uno de ellos es el del uruguayo López, que, repudiado, estuvo a punto de irse. Gareca le pidió que se quedara y fue un bastión en la campaña del título. Casos similares: Zapata y el arquero Germán Montoya.
Creció en todo sentido. De modernas instalaciones en su estadio y en el predio de Ituzaingó, y sin grandes deudas, el plantel tiene todo para sentirse cómodo y sólo concentrarse en jugar.