En febrero de 2001, Safin y Kuerten se disputaban el primer puesto del ranking; el brasileño recuperaba el N° 1 al conquistar Buenos Aires, un certamen que volvía al ATP Tour tras seis temporadas; en la final, Guga venció a Acasuso, un chico de Misiones, de 18 años, que era el 172° del mundo y desde la qualy llegaba a la final en su primer torneo del circuito mayor. Fue una semana de lujo en Palermo, con 48.348 espectadores.
Una generación de tenistas argentinos daba sus primeros pasos. Con una variedad de nombres y estilos que pedía a gritos un torneo en nuestro país. Era una apuesta de altísimo riesgo. Entre corralito, cacerolazos y devaluación, el torneo de 2002 estuvo en duda. A pesar de todo, la empresa Altenis compró una semana del circuito -la que ocupaba el torneo de Atlanta- a la multinacional SFX, y le dio a Buenos Aires un lugar en el calendario de la ATP.
Los años pasaron en Palermo. En algún momento, el crecimiento planteó la posibilidad de ser sede de un Masters Series; esa idea, hoy, es casi una quimera. Y hubo un enorme fracaso, en aquel 2007 con formato de round robin que murió al amanecer, destrozado por los jugadores.
De los 32 jugadores de aquel cuadro principal, sólo tres (Nalbandian, Gaudio y Chela) estarán en el décimo aniversario, con la chance de sumar un cuarto (Beto Martín, en la última rueda de la clasificación). El tenis cambió, cómo no. Aquellos gladiadores del polvo de ladrillo, con los años, mutaron en jugadores todoterreno. El torneo no es ajeno a esta evolución, a la competencia con otros certámenes, y por eso en estos días se discute la mudanza al cemento.
Ningún tenista repitió la receta vencedora al año siguiente. Sólo Carlos Moya ganó dos veces (2003 y 2006). Con una copa celebraron Kuerten (2001), Massú (2002), Coria (2004), Gaudio (2005), Mónaco (2007), Nalbandian (2008) y Robredo (2009). Pasaron muchos nombres reconocidos: Sergi Bruguera, el Chino Ríos, Magnus Norman, Nicolás Lapentti, Fernando González, David Ferrer, Richard Gasquet, Fernando Verdasco, Albert Costa, Alex Corretja, Rafael Nadal, Juan Carlos Ferrero... Algunos ya colgaron sus raquetas; otros volvieron, en busca de sumarse a la lista de consagrados
. Porque Buenos Aires tiene un encanto especial para los que vienen desde el exterior, y para los locales no hay nada mejor que festejar en casa. El ATP porteño se apresta a vivir su décima realización. Con la certeza de saber que ya es, definitivamente, un clásico.
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