La flojísima actuación del seleccionado argentino de Seven que compitió la semana pasada en Wellington y en la etapa de Las Vegas que culminó anoche, abre un interrogante de preocupación sobre el futuro en la Serie Mundial que organiza la IRB, pero además sirve de disparador para echarle un vistazo a lo que arrojó el rugby internacional durante el fin de semana que pasó.
Tanto en Nueva Zelanda como en los Estados Unidos, Los Pumas 7 cayeron en las semifinales de la Copa de Bronce, lo que les significó un retroceso importante en las posiciones generales. Pero la mayor señal de alarma se produjo en algunos de los rivales con los que se perdió. El sábado, por ejemplo, el equipo argentino fue superado por Japón (7-0), al que ayer le ganó Chile. También hubo derrotas con Estados Unidos y, la semana pasada, contra Canadá, todos países de segundo y tercer nivel, incluso en el Seven.
Es verdad que el rugby argentino está en un proceso de transición en lo que hace a la conformación de sus seleccionados, y que los mejores 30 del ámbito doméstico no tuvieron chances de ir al Seven porque en esta semana emprenderán el viaje hacia Sudáfrica para disputar durante dos meses y medio la Vodacom Cup. Pero a esta etapa de la Serie Mundial acudió un plantel que contó con una preparación especial, y si bien sus integrantes no forman parte del Pladar, sí gozan de un régimen pago.
Frankie Deges, periodista argentino que estuvo en el Seven de Las Vegas, me contó que el equipo jugó muy debajo de su nivel, sobre todo ante Japón, que llevó un plantel en desarrollo y que hace sus primeras armas en esta competencia. Y que no es excusa que las medidas de la cancha se achicaron, porque, al fin de cuentas, eso corrió para todos.
Vuelve a escena, entonces, la pregunta de si el rugby argentino está hoy por hoy en condiciones de afrontar tantas competencias internacionales a la vez. Está claro que no. ¿Será el Pladar la solución a esto? Lo dirá el tiempo. De hecho, todavía ese Plan de Alto Rendimiento ni siquiera se terminó de zanjar internamente.
Lo importante es no rifar el prestigio ganado, siempre refiriéndonos al plano internacional, que no es el más importante por cierto. La Argentina nunca fue una primera potencia en los Sevens como lo son Nueva Zelanda, Fiji, Sudáfrica e Inglaterra, pero vale recordar que el año pasado fue subcampeona en el Mundial jugado en Dubai y que, por ejemplo, defendía el título en Las Vegas.
El Seven, se sabe, será la modalidad con la que el rugby volverá a los Juegos Olímpicos en 2016, cuando transcurran en Río de Janeiro. Por eso, la IRB tiene puestos todos sus cañones ahí: en la difusión y, sobre todo, en el rédito económico que le significará participar del acontecimiento deportivo con más audiencia en el planeta junto al Mundial de fútbol.
Por eso, también hay que seguir de cerca cómo deberá reordenarse el rugby al aceptar ser nuevamente miembro del Comité Olímpico Internacional (COI) y, de alguna forma, de las políticas deportivas de Estado. La UAR, por ejemplo, convivirá además con el Comité Olímpico y con la Secretaría de Deportes, lo que significará un nuevo mapa interno. Más aún: el Pladar ya pasó, a través del sistema de becas, por la órbita del Estado.
Pero el fin de semana no sólo tuvo al Seven. Arrancó el excelente Súper 14 del Hemisferio Sur, al cual el rugby argentino apunta a sumar jugadores en su objetivo para arribar al 4 Naciones. Y se disputó la segunda fecha del 6 Naciones, con un partido que estará en la memoria por mucho tiempo: Gales 31-Escocia 24.
Hay que detenerse en Escocia, rival de Los Pumas en la serie de junio (el 12 en Tucumán y el 19 en Mar del Plata) y, sobre todo, en la primera rueda del Mundial 2011. Atención con los del Cardo. Han mejorado muchísimo en su juego y sólo les falta una victoria que les sirva para fortalecer su cabeza.
Ante Gales jugaron 70 minutos de enorme nivel, sobre todo en la actitud y en las ganas de ir para adelante. Tienen, como tantos otros seleccionados, muchas dificultades con la disciplina: los penales y las amarillas agrandaron a un rival que, a puro corazón, remontó un 24-14 a sólo 3 minutos del final.
Fue grandioso el espectáculo en Cardiff. Rugby en su más pura esencia, con todos los condimentos. Rescato a un jugador: el galés Shane Williams, wing de 1 metro 70 y 80 kilos. Corajudo, endiablado (muy similar a nuestro Diego Albanese), con una cabeza que lee el juego todo el tiempo. El sábado hizo todo: Atrapó en el aire una pelota envenenada entre dos gigantes adentro de su ingoal; sirvió un try y armó y remató el del triunfo, celebrado con lágrimas. Un fenómeno.
También hay que rescatar a Francia, que le dio un paseo al campeón defensor, Irlanda. Lo fundamental es que recuperó su ADN, ese que lleva locura en el manejo de la pelota, con un pack que también reflotó su bravura histórica. En junio estará en Buenos Aires enfrentando a Los Pumas.
Y un último punto de este repaso: el reglamento. Los scrums siguen siendo una formación indescifrable para los árbitros. Son, en verdad, un espanto, con derrumbes constantes y mañas que ya superan la esencia de este juego. También los rucks se transformaron en un reducto de infracciones, donde todos meten la mano, se tiran de cabeza y van a golpear al que tienen al más cerca.
Tarea para los entrenadores de los clubes, sobre todo de los Juveniles, que suelen copiar lo que ven en la televisión. Decirles que eso no se hace, que el juego del rugby es otra cosa. Que no siempre todo lo que nos llega de afuera es lo mejor. Aunque ese es un tema más amplio para otra nota.