Está aprendiendo a hablar español, a ser embajador y, sobre todo, a vivir lejos del centro de la escena. Tony Leon lleva casi cinco meses en Buenos Aires como embajador de Sudáfrica, después de casi 15 años como líder de la oposición parlamentaria al dominante Congreso Nacional Africano (CNA), el partido que condujo Nelson Mandela desde la clandestinidad y la cárcel al poder.
Liberal, de origen judío, Leon militó en la exigua oposición blanca al apartheid desde sus días de universitario en Witwatersrand y se convirtió en una figura relevante con la llegada de la democracia en 1994.
Aun con cifras escuálidas frente al CNA, su partido -la Alianza Democrática- emergería como la principal opción electoral para la minoría blanca que abandonaba los tradicionales partidos segregacionistas. Fue un crítico filoso del gobierno de Mandela, aunque atesora -como se ve en su blog personal- las fotos de sus reuniones políticas y las frases elogiosas que le dedicó el mítico líder negro.
¿Cómo terminó Leon en Buenos Aires? "Yo creo que Sudáfrica tiene que tener representantes en el mundo que no sean sólo del CNA. El presidente Jacob Zuma me ofreció esta oportunidad y la acepté", cuenta. Dice que le dieron a elegir entre la Argentina y un país de Europa que por cortesía no nombra. Fue una jugada que levantó polvareda en Sudáfrica, como pasa siempre que un opositor pasa a trabajar para el gobierno. Leon aclara que no es un embajador del gobierno, sino de Sudáfrica. Pero siempre tienen repercusión en su país sus elogios mediáticos a Zuma, un presidente que llegó al poder precedido de graves denuncias de corrupción, de una plataforma populista y de una muy promocionada poligamia.
Se quedará en Buenos Aires cuatro años: sueña con aprender español y equilibrar el comercio bilateral (hoy la Argentina vende a Sudáfrica cuatro veces más de lo que le compra). Como político de raza, vive con pasión la realidad argentina, aunque le cuesta entenderla. Admite que todavía nadie le supo explicar qué es el peronismo.