La pregunta resulta ser una de las medulares entre los tantos interrogantes que abundan en el mundo del fútbol y se vuelve actual cada día.
¿Es el entrenador el que debe imponer su idea futbolística dentro del plantel sin observar si en el mismo están todos los recursos como para poder aplicarlo? O por el contrario ¿cualquier sistema debe adaptarse de acuerdo a los elementos con los que se cuenta dentro de un grupo?
Puede decirse en relación con el primer caso que solo dirigiendo una selección se cuenta con un universo lo suficientemente amplio como para armar un equipo a imagen y semejanza del ideal que quiere el técnico, pero es un caso excepcional. También puede argumentarse que al desembarcar en un club, lo primero que hacer el entrenador es pedir algún refuerzo que se adapte y respete su filosofía de juego. Sin embargo en éstos tiempos de vacas flacas y parafraseando a Serrat "uno solo es lo que es y anda siempre con lo puesto". Hay que adaptarse a la coyuntura y buscar pequeñas variantes
Sin embargo, la última semana del fútbol argentino sirvió para reforzar el concepto de la importancia del sistema, de la idea, de la convicción del entrenador por imponer su estilo y la creencia de los jugadores al aplicarlo.
Vélez ganó aquí y allá. Con los pibes y con los grandes. Por el torneo doméstico sopapeó a Independiente, que por un rato se apartó de lo que sabe hacer y se dedicó a tirar el off side en lugar de defender, y por la Copa se trajo un triunfo valioso en su excursión venezolana. Todos respetan el libreto y por eso los resultados acompañan. Después, la jerarquía de las individualidades le pone brillo a la idea, pero el plantel completo está convencido de cual es el camino.
Estudiantes es otro ejemplo. Los pibes de Sabella no pudieron lograr una semana antes, lo que los chicos de Gareca a la hora de enfrentar al "rojo", pero estuvieron cerca y dejaron una excelente imagen. Cuando volvió a aparecer Verón y la batuta tuvo otro color, el "pincha" se recuperó del extraño golpe recibido en Perú y le ganó bien a Huracán.
Banfield es la tercera posición. El todo es más importante que la suma de las partes, por eso y aún sin el goleador Silva, el sistema de juego está garantizado por que los intérpretes así lo entienden. En el caso del conjunto de Falcioni, el recambio es sensiblemente menor, pero el patrón de juego trata de seguir siendo el mismo.
Vélez, Estudiantes y Banfield son los campeones del fútbol argentino y no es casualidad. Es que antes de ser los campeones, o al menos paralelamente, también son los mejores. Puede parecer lo mismo pero no lo es. En estos campeonatos cortos, una buena racha puede catapultar a un equipo al título, pero para demostrar su pedigree futbolero, tendrá que exhibir algo más que una vuelta olímpica.
La clave está en el convencimiento más allá del tiempo de trabajo, El Godoy Cruz de Asad tiene un mes de vida y uno ya sabe a que quiere jugar. Dos delanteros livianos y de buen manejo, mediocampistas con mucho movimiento y una defensa rocosa. El resultado está a la vista y la dificultad para hacerle un gol a Ibañez también. En el otro extremo está Arsenal, que jamás se aparta de su libreto y por esa ausencia de plasticidad no supo cambiar e ir a atacar, cuando Ríver se quedó sin Almeyda y podía quedarse con la victoria.
Boca con Alves y River con Astrada buscan su patrón de juego y siguen sin poder encontrarlo. El xeneize sufre atrás aunque después aparezcan Román y Martín, mientras que el "millonario" es incapaz de fabricar espacios para poder hacer un gol decente en su cancha luego de doscientos setenta minutos
Por supuesto, dirigentes serios que sostengan los proyectos y un par de resultados que afirmen el discurso siempre serán bienvenidos.
Como se ve, es cuestión de imponer una idea y tratar de respetarla en la medida que se pueda. En estos tiempos precoces del salvaje fútbol argentino es todo un acto de coraje, aunque algunos se empeñen en demostrar que intentarlo vale la pena.