A Maradona se le podrán señalar varias incoherencias y más de un dislate, pero hay que reconocerle que no faltó a la verdad cuando anunció que con el amistoso ante Alemania empezaba el Mundial para la Argentina. El equipo tuvo una exagerada atracción por el resultado y un ínfimo interés por el juego. Hizo del amistoso en Munich una continuidad del cerradísimo clásico en Montevideo, que selló la clasificación al Mundial. Demasiadas coincidencias como para no creer que ésa es la puesta en escena a la que habrá que acostumbrarse.
La formación de ayer se parecerá casi en un 100 por ciento a la que se verá en Sudáfrica. Y hay que ir haciéndose a la idea de que el estilo futbolístico será el que se observó (soportó) en el Allianz Arena. Habrá muchos que se aburrirán siguiendo al seleccionado, pero varios rivales correrán alto riesgo de salir amargados tras enfrentarlo.
Maradona y sus muchachos terminaron ayer orgullosos de haber sacado chapa de equipo duro, difícil, muy físico y atlético, que juega a cara de perro. Una manera de dar a entender que es conservador y especulativo.