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TUCUMAN.- Cuestiones de estados de ánimos pueden resultar determinantes en el desarrollo de un partido. Dos situaciones muy distintas son las que acompañan a cada uno. Es que Banfield goza de la calma que otorga una buena campaña y un título que aún está bien fresco en la memoria de su plantel. Y Atlético está desesperado por un promedio que lo empuja a perder la categoría, y en ese contexto el equipo tucumano se mueve dentro de la cancha. Apurado y obnubilado en la búsqueda del arco rival. Y en medio de ese duelo de opuesto, ninguno de los dos logró hacer el mejor negocio.
Atlético pareció más ambicioso en su búsqueda cuando comenzó el partido. Pero rápidamente se advirtió que se confundió en determinaciones sin demasiada claridad. Porque no tuvo juego, tiró pelotazos y quedó sujeto a lo que le pudiese ofrecer Juan Pablo Pereyra. Después apostó por buscar con centros la forma de quebrar la resistencia del equipo rival, y estuvo cerca con un cabezazo de Páez. Pero con ninguno de los dos métodos logró lo que pretendía.
Y ante ese panorama Banfield entendió que podía complicar al conjunto tucumano. Dejó a un lado esa postura cautelosa que esgrimió como plan original y apostó por darle libertades a Emanuel Pío, Maximiliano Laso y Julio Marchant. Incluso desde media distancia pudo ponerse arriba en el marcador, pero fue Ischuk el que se encargó de dejarlos sin ese privilegio.
En la segunda etapa no se modificó demasiado la postura de ambos equipos. Banfield fue práctico en su idea para atacar a su rival y sólo no logró quedarse con los tres puntos porque Atlético contó con la figura de Ischuk. El arquero del conjunto tucumano resultó determinante para sostener el empate.
Claro, pero es un punto que no le sirve demasiado, es que está cada vez más hundido en el descenso. La gente lo despidió en medio de una lluvia de insultos y pidiendo la renuncia de Chiche Sosa. Banfield también sumó y se quedó con la frustración de no haber podido quedarse con un partido por culpa de Ischuk.