Nalbandian va por la volea, Zeballos lo cubre; David impuso su jerarquía y el marplatense tuvo su debut soñado - EFEESTOCOLMO.- ¡Sí, Cebolla, esa volea de revés es tuya! El apodo lo heredaste de tu viejo y ya es de todo ese puñado de argentinos que lo gritan sin parar por el partidazo que hiciste en este estelar debut en la Copa Davis. La bola, cruzada, es inalcanzable. La Argentina acaba de ganarle a Suecia en dobles y está 2-1 arriba en la fría Estocolmo.
Por primera vez en la historia, en el tercer intento, nuestro país logra dos puntos como visitante ante el equipo local. Y Horacio Zeballos se da vuelta para buscar al rey David Nalbandian, el gladiador que llegó desde la Argentina a último momento porque la Davis lo obsesiona, el que le habló durante todo el partido para mantenerlo concentrado, para que dé el ciento por ciento. Por eso los dos no se sueltan, por eso se aprietan delante de la red y se hablan, se felicitan hasta con insultos, costumbre argentina al fin.
Con poco más de cuatro horas de entrenamiento, David Nalbandian y Horacio Zeballos dieron un batacazo en Suecia ante una pareja conformada por Robin Soderling y Robert Lindstedt, con muchas horas de cancha. Los argentinos ganaron por 6-2, 7-6 (7-4) y 7-6 (7-5).
Perfecto. Así le está saliendo el plan al capitán Tito Vázquez, que siempre dijo que había que apuntarles al dobles y a los singles que no jugara Soderling. Este equipo de jugadores noveles, en el que Nalbandian se erige a partir de su experiencia, está dando materias con velocidad asombrosa para recibirse. El primer día fueron Eduardo Schwank (a pesar de la derrota) y Leonardo Mayer (que venció a Johansson). Ayer, Zeballos fue gigante al lado de un Nalbandian que nunca le permitió bajar la intensidad. Siempre le estuvo encima como compañero, casi como un entrenador dentro de la cancha.
Pero hay que estacionar la emoción un momento. Como con los jugadores, el reflejo de la victoria debe encontrar un punto de sosiego, porque esta historia que parece ser un cuento de hadas sacado de ese magnífico museo infantil que aquí tienen en Junibacken todavía no terminó.
Queda escribir el último capítulo. Y para eso, la Argentina tendrá dos posibilidades. Desde las 9 de nuestro país, Leonardo Mayer irá a jugarse entero, sin presiones, frente al líder sueco, Robin Soderling, que no saldrá a la cancha para festejar el final de la serie, como seguramente había imaginado, sino para mantener a su país con vida. Y si no se da, porque esa posibilidad también es concreta, le llegará el turno a Nalbandian, más allá del misterio al que quiso jugar poniendo en duda su participación, al borde de negarla públicamente.
El dobles se dio de forma ideal al definirse en el mínimo de tres sets. Es, en definitiva, la oportunidad que vino a buscar David, lo que pensó desde que se comunicó con el cuerpo técnico para decirle que estaba a disposición. De ser necesario, entonces, el unquillense se medirá a continuación con Andreas Vinciguerra o con Joachim Johansson, ya que el capitán sueco no lo confirmó.
Lo de Nalbandian y Zeballos fue extraordinario. El cordobés tuvo la jerarquía que se le conoce, la muñeca impecable y se cargó a su compañero desde el primer minuto. Se sintió un líder positivo. Al punto de que Tito Vázquez habló muy poco en los cambios de lado. Nalbandian le metió fichas todo el tiempo al zurdo. Y Zeballos respondió de manera contundente, siempre metido en el partido, sacando provecho de un saque que funcionó a pleno y fue decisivo en los momentos clave del partido, los definitorios.
El equipo argentino fue una tromba desde el vamos. Se puso 4-0 arriba y mantuvo la diferencia para llevarse el primer set en apenas 37 minutos.
Tanta tensión previa y tanta presión inicial tuvo un rato de descompresión en el arranque del segundo set. Nalbandian hasta pareció sentir un poco la exigencia del ritmo, teniendo en cuenta su prolongada inactividad y las lesiones que todavía lo tienen a maltraer. Suecia se puso 3-0 y hasta ahí llegó su supremacía. El partido volvió a ser parejo, los argentinos presionaron otra vez, estuvieron a punto de quebrarle el servicio a Soderling (1-3) y, finalmente, lo hicieron con Lindstedt para ponerse 4-3 y saque.
La estrategia del equipo quedó clara durante el encuentro: buscarlo a Lindstedt todo lo posible. El sueco sintió el peso de tener que devolver todo el tiempo, y Soderling, la falta de ritmo.
El partido estaba parejo y entonces apareció un plus: la solidez y la precisión argentina en los momentos decisivos, es decir, ambos tie-breaks. Con la firmeza de Nalbandian, Zeballos se lució en el cierre de los dos a partir de grandes saques. Se levantó el grupo argentino. Se volvió a sentir el grito de: "¡Cebolla, Cebolla!". Queda un día más, claro. El último. Ahora, el más importante. ¡Pero cómo no reventar de alegría cuando el milagro puede verse en el horizonte!