ESTOCOLMO.- La realeza sueca es, entre las europeas, la que menos influencia tiene en las cuestiones de gobierno. Sus monarcas están meramente para cuestiones formales y por estos días están ocupados con los preparativos para el casamiento de la princesa Victoria, heredera real, con Daniel Westling, el próximo 19 de junio. Pero desde la Argentina llegó otro rey, uno sin corona, pero con una raqueta de oro en sus manos. Con ella, como si fuera una filosa espada con la que luchar entre fieros vikingos de otros tiempos, David Nalbandian se bañó de gloria una vez más en la Copa Davis. Es el campo de batalla preferido de un gladiador nacido para jugar la copa. Un gigante. Un superhéroe moderno.
Nunca antes un jugador había llegado la noche anterior al comienzo de una serie para luego ganar en dobles y en el quinto punto para darle la victoria a su nación. David lo hizo. "Fue un triunfo increíble y no muy pensado para muchos, pero ahí tienen la victoria", dijo el unquillense, orgulloso.
Claro que para llegar a este resultado primero sufrió: "En el calentamiento sentí una contractura en la pierna izquierda y estuve a punto de no jugar. Al final decidí arriesgarme por las ganas y por el amor a la camiseta. Fue una serie muy rara desde el principio y lo que yo hice fue una locura, ni siquiera estuve entrenando toda la semana con los chicos, que se mataron. Pero por el país uno tiene estos arranques. No jugué porque estaba bien, sino por instinto y por ganas".
Luego se la jugó: "Tuve que regular mucho. Encima, al final del primer set sentí otra vez una carga en el aductor derecho, pero abandonar no existía en mi cabeza. ¿Qué pensé cuando perdí el tercer set? Que tenía que ganar el cuarto. Traté de cerrar los puntos lo más rápido posible, de definirlos en la primera oportunidad, y salió".
Luego gozó: "Estoy contento porque logramos un triunfo en una serie muy complicada. La estrategia era clara y nos llevamos todo lo que vinimos a buscar. Los chicos estuvieron bárbaro, no les pesó la camiseta. Y en mi caso me encontré con un partido más difícil del que creía, porque no jugué contra un sacador, pero Vinciguerra anduvo bien con el servicio y me costó encontrar la devolución. Me alegro de que la Argentina esté en cuartos de final".
Y, al final, sufrió de nuevo: "Estoy tranquilo porque estoy destruido. Hoy estoy todo roto, me duele todo. Espero poder recuperarme en dos o tres días cuando llegue a Indian Wells y poder tener una buena actuación ahí".
La gente jugó un papel cada vez más protagónico durante el fin de semana de la Copa Davis. Las camisetas argentinas cada vez fueron más. David les agradeció a todos y le dio el gusto a una señora de avanzada edad que quería una foto con él. Paciente, como luego con los pedidos de la prensa, fue hasta donde estaba la señora y la abrazó para el recuerdo mientras alguien del grupo tribunero sugería: "Ahora vamos todos al Obelisco". David dijo: "La gente acá es muy respetuosa y nosotros somos muy ruidosos. Cuando estás en la cancha te motiva el aliento, te ayuda muchísimo".
El cordobés deberá empezar a pensar con el tiempo en Rusia, el rival en los cuartos de final, en otro enfrentamiento para el que la Argentina tendrá que salir de casa: "En esta serie tuvimos mucha mala suerte, porque nos llenamos de lesiones. Contra Rusia vamos a tener que tener el mejor equipo posible. Sería bueno que estuviéramos Juan Martín y yo y que se pueda formar un dobles, porque esta vez tuve que jugar dos días seguidos, y para tres creo que no estoy. Pero todos vamos a tratar de llegar de la mejor manera".