Si bien los ánimos se han tranquilizado en la dirigencia de Buenos Aires tras los durísimos cruces que se produjeron dos semanas atrás en la reunión de presidentes efectuada en la URBA, lo cierto es que no se avizoran por el momento movimientos profundos que permitan adivinar si los clubes mantendrán intacta la resolución de no dejar jugar a los que integran el Pladar o si extenderán la prórroga. El asado celebrado hace una semana en el Belgrano Athletic sirvió para bajar los decibles del conflicto, sobre todo en los fuertes cruces que mantuvieron una decena de presidentes de clubes con el titular de la URBA, Néstor Galán. También ahí se decidió formar comisiones para evaluar más a fondo los alcances del Pladar y, además, ir buscando una fecha para convocar a otra asamblea extraordinaria que vuelva a discutir y votar sobre el tema que tiene en jaque al rugby argentino.
Se sabe: el rugby doméstico no suele ser rápido en este tipo de decisiones. De hecho, fue el último de los países de primer nivel en el juego en subirse al tren de la era abierta que lanzó la IRB el 1º de septiembre de 1995. Aquí, producto del amateurismo y de las tantas cosas que pocos deben atender en lo diario, todo tarda más.
Pero ahora hay fechas que marcan límites. La primera, el arranque del Argentino, que será el sábado 27 del actual. Buenos Aires ya decidió, respetando lo resuelto en mayo, no afrontarlo con los jugadores que están en el Pladar. No ocurrirá lo mismo con el resto de las Uniones. En ese sentido, algunos clubes pidieron a la conducción de la URBA que exija ante la UAR el cumplimiento del artículo 3 del estatuto, que fue modificado a comienzos de este año, pero cuya redacción permite distintas lecturas.
¿Qué pasará, entonces, cuando Buenos Aires tenga enfrente a un seleccionado que sí presente a los del Pladar? En la tercera fecha, el 10 de abril, ocurrirá eso en el partido con Córdoba, el defensor del título. La respuesta aún es una incógnita. Después del Argentino, y tras un intervalo con la disputa de la 2a Copa Citi, arrancará el torneo de la URBA, fijado para el sábado 1º de mayo. Ahí sí debería existir ya una definición con los 30 jugadores de Buenos Aires que integran el Pladar.
El escenario de incertidumbre de estos días ha sacado a flote otros corrillos. Por ejemplo, volvió a instalarse en el ambiente la idea de que los jugadores, sobre todo los del Grupo I, realizarían una huelga si los clubes de la URBA mantienen su postura de no aceptar a los del Pladar. En realidad, no hay muchos datos concretos sobre esta posibilidad, pero sí existe un clima de alerta.
Así como los defensores de la idea de aceptar el Pladar han encontrado oídos y prensa suficiente para explicar sus argumentos, es necesario que los clubes dispongan de esa misma vía. Deben ser escuchados, porque, más allá de ciertos exabruptos y de ciertas posiciones fundamentalistas, hay razones convincentes de su lado. Tampoco es justo que toda la carga vaya sobre ellos, ya que son los únicos que en esta movida profesional (azuzada el sábado con el anuncio de los 10 millones de dólares que pondrá la IRB para que los Pumas puedan disputar el Cuatro Naciones desde 2012) no recibirán nada a cambio.
El asunto sigue siendo el mismo: encontrar el límite más beneficioso para el rugby argentino en un todo. Y marcar la cancha a futuro.