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MENDOZA.- Godoy Cruz es un buen equipo. Ya es tiempo de reconocerlo: juega bien, porque sabe qué hacer con la pelota, sobre todo, en los metros finales. Y porque sabe cómo recuperar el balón, cuando su propiedad es ajena. Es líder, con un partido más, ya que Independiente, su principal adversario, jugará hoy contra Chacarita. Pero, claro, esa será otra historia. El tema es Godoy Cruz: ya se convirtió en la revelación, como cuando lo dirigía Diego Cocca. No se da nunca por vencido: no podía ganarle a Atlético Tucumán, en su casa, ante su gente, se iba desconsolado con un injusto 1-1. Hasta que surgió Pipita Higuaín. El otro Higuaín. Es que Jorge Nicolás, aquél recio defensor, tuvo dos hijos varones con sueños de grandeza: Gonzalo y Federico. Las luces parecían sólo para aquel, el fantástico ex hombre de River, de semana señalada por los maliciosos en la eliminación de Real Madrid. Rodeado de millones, mira por TV a su hermano Gonzalo, en un tal Godoy Cruz. Y Federico, a la distancia, desde la Cordillera, marcó el 1-0, primero, con un remate cruzado, y el 2-1, en el final, ya cuando nadie creía, a los 46 minutos del segundo tiempo, con un disparo violento y lejano. Fue la noche del otro Pipita, entonces, de Federico. Pero de, sobre todo, Godoy Cruz, un buen equipo, que amenaza con pelear el campeonato. Si nadie se opone, claro.
La noche fue testigo del empuje de Godoy Cruz. Los minutos transcurrían, ya eran diez contra diez, por las expulsiones de Barone y Sergio Sánchez y el conjunto mendocino avanzaba, acaso, mal, como toda la noche, pero seguía en su insistencia. Atlético Tucumán se defendía, también, como en casi toda la jornada. Merecía una fortuna mayor el equipo que dirige Omar Asad, porque hizo el gasto, porque quiso ganar, porque con el coraje como estandarte atacó siempre, aún en el desorden. Pero Atlético Tucumán se lo impedía con fuerza, disciplina y orden, mucho orden, el que siempre le impuso Mario Gómez, un maestro en el arte de la defensa. Y en esta suerte de lucha de opuestos, en el que Godoy Cruz lucha bien arriba, entre varios poderosos, y Atlético Tucumán, que necesita como el agua en el desierto algún punto rescatado no importa cómo, cuando ni dónde, se sellaba un 1-1 impensado, acaso, horas atrás. Por los goles de Higuaín, luego de un pase genial de Jairo Castillo, y la respuesta de Páez, tras un insólito rebote de Ibáñez, el arquero que alguna vez fue citado por Diego Maradona en ese experimento llamado selección local.
Parecía que Godoy Cruz sufría la derrota de hace una semana, el 2-1 contra Newell´s, en Rosario. Puntero e invicto, se respaldó en un aire de optimismo bien ganado en el fútbol doméstico. Buscó, mereció y hasta chocó contra Ischuk, el arquero tucumano, en más de una ocasión. Pero, acaso, ese golpe le haya jugado una mala pasada al equipo mendocino que no podía.
Que chocaba, pero iba siempre. Con Rojas, con Ramírez, con todos. Atlético era una muralla defensiva casi perfecta: rechazaba con el alma cada balón enviado hacia su área. Hasta que Pipita probó y ganó. Y tuvo su noche. Su gran noche. En un equipo que vale la pena.
Suerte de símbolo de Atlético Tucumán, tan necesario para el rendimiento ofensivo como en el aspecto anímico, la Pulga Rodríguez volvería a jugar en la próxima jornada, contra Estudiantes. El delantero se recupera de un esguince en el tobillo izquierdo.Para peor, el conjunto tucumano tampoco contó con Juan Pablo Pereyra, el otro atacante, con cinco tarjetas amarillas.