Por Miguel Romano
LA NACION
En aquellas gélidas noches del invierno de 2001 en Valdivia, allá al fondo de la cordillera andina, donde el viento del Pacífico hace temblar, la selección de Rubén Magnano apiló los primeros ladrillos de lo que hoy es la Generación Dorada. Como unos días después la Argentina jugaría el Premundial de Neuquén, clasificatorio para Indianápolis 2002, el DT cordobés decidió jugar el Sudamericano de Valdivia con un equipo alternativo, pero llevar igual, para que se entrenaran con el grupo, a algunos jugadores especiales: Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto, Hugo Sconochini, Rubén Wolkowyski y Pepe Sánchez.
Mientras estos semidesconocidos, arropados hasta la cabeza, miraban desde la tribuna cómo los jovencitos Walter Herrmann y Chapu Nocioni ganaban partido tras partido, la Argentina concluyó rompiendo una racha de 14 años sin títulos continentales. Por eso, desde entonces, un seleccionado alternativo viaja a esos torneos y deja a las estrellas descansando para los desafíos ecuménicos. De los últimos cinco torneos se ganaron tres: Valdivia 2001, Campos (Brasil) 2004 y Puerto Montt 2008.
La experiencia se repetirá en Neiva, Colombia, del 25 al 31 del actual. El problemas es que el plantel que hoy comenzará el trabajo en Mendoza, sufrió cuatro renuncias a último momento: Martín Leiva (porque el 20 nacerá su hijo); Federico Van Lake (por un inconveniente reglamentario con el club Valladolid), Diego García (problemas familiares) y Diego Lo Grippo (lesionado).
"Quizás un sudamericano no los motive", reflexionó Sergio Hernández. "Respeto las decisiones, quizá no están consustanciados con la mística del equipo y tienen otras expectativas. Prefiero quedarme con el ejemplo de Oberto, que va al Mundial pese a su problema cardíaco, o Román González que aceptó reemplazar a Leiva", dijo el presidente de la CABB, Germán Vaccaro.
Paradójicamente, el desafío previo al Mundial será especial: en Neiva, Brasil aparece como el rival por vencer y dirigido por primera vez por Rubén Magnano.