De golpe, un resultado deportivo condicionó la relación entre Diego Maradona y el gobierno nacional. Si antes de viajar a Sudáfrica la presidenta Cristina Fernández de Kirchner conseguía hablar con el DT del seleccionado cada vez que se lo proponía, después del Mundial esa empresa se tornó una misión imposible. Una vez regresado al país, Maradona jugó al teléfono descompuesto, y los secretarios privados de la Presidencia sólo pudieron dejarle mensajes en su contestador.
Desde que el seleccionado aterrizó en Ezeiza, la Casa Rosada no pudo tomar contacto con Maradona. La famosa foto de la Presidenta junto a Julio Grondona y el entrenador en la presentación del programa Fútbol para Todos pasó a ser un lindo recuerdo. Al igual que la pomposa declaración de vecino ilustre de Ezeiza, homenaje en el que participó el ex presidente Néstor Kirchner. "Cristina me pidió que venga y te acompañe. Ella te espera cuando quieras en la casa de todos los argentinos", le dijo Kirchner en esa oportunidad. Era diciembre de 2007.
En los últimos días, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se unió al reclamo del Gobierno: "Nunca pude hablar con el DT desde que volvió al país, intenté veinte veces, pero nunca pude", ventiló el funcionario en declaraciones radiales. Algo parecido le ocurrió al secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, a quien Maradona tampoco le dio el gusto de atenderle el teléfono durante las dos semanas posteriores a su regreso. La propia presidenta de la Nación se sumó al operativo clamor con una enfervorizada defensa del ex capitán: "¡Aguante Argentina y aguante Maradona!", exclamó Cristina Fernández de Kirchner en San Miguel. Fue hace menos de un mes, el 5 de julio.
Pero Maradona no aceptó ninguno de los convites de Balcarce 50. Ni siquiera le hizo un guiño a la Casa Rosada cuando pudo. En una entrevista televisiva, el domingo, recordó que su relación con el Gobierno se limitaba a haber acudido como DT del seleccionado, a la presentación del Fútbol para Todos. Los funcionarios tomaron esas declaraciones como una limosna. Insuficiente. El cariño que le tenían, de golpe, devino en malestar. Y le soltaron la mano.
Ante la consulta periodística, Maradona afirmó que nunca volvió a ver el partido que la Argentina perdió 4 a 0 con Alemania.
Maradona no le atendió el teléfono a su jefe, Julio Grondona, quien debió apelar a un interlocutor, Gastón Granados.
Maradona no supo usar en su favor el masivo recibimiento de los 10.000 hinchas que lo ovacionaron a su regreso de Sudáfrica.
Mientras la AFA le pedía la salida de algún colaborador, Maradona se mostró empecinado en mantener a su cuerpo técnico.
Decidió ir a visitar a Hugo Chávez en lugar de privilegiar las conversaciones por la renovación de su contrato.