"Si quieren ver espectáculo, que vayan al teatro...". Al menos una vez por temporada, algún defensor de esos que cuando rechazan le pegan un poco al pasto, un poco a la pelota y un poco al tobillo del delantero, deja esa sentencia en algún micrófono luego de un empate que deja contentos a 22 jugadores, dos técnicos y muy amargados a miles de hinchas en la cancha y a millones por televisión.
El fútbol ofrece esa clase de espectáculos que incluye a defensores rústicos, volantes talentosos y resultados inciertos. La gente paga una entrada para ver fútbol con poca certeza de lo que va a encontrar al final del dia. No hay garantías de disfrute ni de volverse a casa con una sonrisa. Tampoco entre lágrimas. Nada en el deporte ofrece seguridad alguna. Ni siquiera el hecho de ir a la cancha. Se paga una entrada por 90 minutos de emoción sin destino cierto.
Pero el fútbol se parece bastante al teatro. Y bastante poco al cine. El reciente aumento del precio de las entradas para el inicio de la temporada 2010/2011 del fútbol argentino instaló, con "efecto manada", la polémica sobre la decisión de la AFA y la amenaza a los bolsillos castigados de los argentinos. ¿Todo incremento es un aumento? ¿Es caro o barato el fútbol argentino? Y la gran pregunta: ¿vale lo que cuestan los 10 partidos de cada fecha de la primera división cuando uno va a la cancha?
Las comparaciones sobre cuánto cuesta ir a la cancha y cuánto asistir a otros espectáculos implican sacar un ticket para el show de la confusión. Los deportes tienen algún grado de parentesco con determinadas actividades del ocio pero no son todas iguales. El punto en común es que todos los espectáculos, deportivos y artísticos, deben ofrecer más que una "performance". También tienen que dar un servicio.
El fútbol y el teatro se parecen. Una obra o un partido no tienen réplicas. Son únicos e irrepetibles. Una espectáculo teatral se ofrece en un determinado día y horario. Un partido de fútbol también. Los actores de verdad dicen que la obra nunca es igual y que cada noche se recrea una actuación que tal vez no se parezca a la de la función anterior. Pero lo cierto es que mientras el público responda, la obra seguirá siendo la misma hasta que baje de cartel. La esencia no se modifica: cada vez que salgan al escenario ese momento no es reproducido de ningún otro modo.
El fútbol y el cine no se parecen en nada. Una película se pone en pantalla cuando a un distribuidor le parece que va a funcionar mejor. Y no en una sola, en cientos de ellas a la vez. Las películas tienen una atemporalidad que el deporte no tiene. Un Boca-River hay que jugarlo cuando el fixture (a dedo o sorteado, eso acá no importa) así lo indica. Toy Story 3 se guarda para las vacaciones de invierno y para cuando los chicos revientan las salas. El cine tiene réplicas y los hechos deportivos no las tienen.
El cine es más barato que el fútbol y tiene que serlo porque su oferta es exponencialmente superior al acontecimiento presencial de un espectáculo deportivo. Sus bocas de salida son mayores con respecto a un partido de fútbol que, además, es único e irrepetible. Una película que es éxito de taquilla puede ser vista en diferentes días y horarios, en diferentes ciudades (hasta países) y en una buena cantidad de salas y complejos cinematográficos. En cambio, a modo de ejemplo, Argentinos-Huracán de la primera fecha, solo puede ser visto este sábado a las 16.10 y nunca más.
Pongamos las comparaciones en números. En la semana que va del 29 de julio al 4 de agosto, las diez películas más vistas en la Argentina, llevaron 1,195,749 espectadores . Fueron vistas en 10 complejos cinematográficos de Capital Federal, GBA y Rosario abarcando un total de 1032 pantallas. El pasado Mundial de Sudáfrica tuvo un acumulado de 3,179,486 espectadores en los estadios en el total de 64 partidos jugadores en todo el campeonato . Apenas tres semanas de cine en la Argentina alcanzan y superan la cantidad de espectadores "in situ" que tiene un Mundial. El fútbol no es una oferta en si misma. No da lo mismo ir a un estadio que a otro. Se puede ir a un complejo de cine en Palermo a ver Shrek 3 como se puede ir a otro en Temperley que el espectáculo no cambia. Pero a un hincha de Colón no le da lo mismo ir a la cancha de San Lorenzo. Una película presenta decenas de opciones. El partido que queremos ver, solamente una.
Por eso el fútbol y los espectáculos deportivos se parecen nada al cine y mucho más a las funciones de teatro y los conciertos en rock. La experiencia en vivo, en el lugar y en un espacio más acotado, para algo que sucede en un determinado espacio y solamente una vez, se paga más que lo que se puede ver en diferentes momentos y hasta en diferentes plataformas. El cine hasta puede ser visto en casa, de modo legal o ilegal y algunas películas hasta se saltean el estreno comercial y van directa al DVD. La verdad que algunos partidos de fútbol también deberían ir directamente al video, pero alguna vez se verá si eso es posible. Todo lo que es intransferible y representa una experiencia (ver la NBA, a U2 y hasta All Boys con la Vanucci en la platea) cuesta más que lo que se ofrece en copias. Todo lo que puede ser copiado hoy vale menos. O nada.
Una entrada a 40 pesos es más cara que una de treinta, es obvio. Pero el fútbol tiene muy pocos espectadores que van a la cancha comparado a los miles que no van, las decenas de miles que lo ven por televisión y los millones que hablan sobre él y todos sus derivados. La experiencia de ir al fútbol es acotada de por sí y las entradas en la Argentina, comparadas con otros países, son más accesibles. El reduccionismo de abordar el tema solamente desde la variable salarial en realidad abarca una discusión más amplia: si es caro ir al fútbol para algunos sectores, también lo es el hecho de tener un buen sistema de salud, comprarse un libro y unas zapatillas nuevas para ir a un recital. Si dejamos el valor de 40 pesos en el ámbito del fútbol podemos pensar que tal vez no sea tan caro y que en todo caso lo que importa es qué ofrece el fútbol por ese precio. Si una popular cuesta 40 pesos y una platea rondará los cien pesos, ¿es desproporcionado un abono mensual televisivo del valor de la entrada más barata para que los clubes tengan, con nuevas reglas de comercialización, más ingresos por una televisación segmentada y para quién quiera pagarla?
El fútbol, por lo que se paga, le debe a sus espectadores una mejor calidad de servicio. El nudo central del asunto es que una popular puede costar lo mismo que una "contribución" bajo presión al trapito para que no nos raye el auto. El tarifario de ese rubro informal también lo conoceremos este fin de semana. El fútbol debe empezar a valer lo que cuesta. A juzgar por las polémicas y el tono del debate de las últimas semanas ,está claro que el fútbol argentino esta cada vez más barato. Y por lo que puede implicar ir al baño el domingo en cualquier estadio, habrá entonces que conceder: sería mucho mejor que cuando vengan las ganas, a uno lo encuentren en el cine y no en la cancha.