La continuidad de Riquelme, en medio de un tironeo que involucró al presidente, Jorge Amor Ameal, y al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri - Archivo Por Alejandro Casar González
LA NACION
"Yo no me voy a cargar a los ídolos de Boca." Hace unos meses, Jorge Amor Ameal, presidente del club, usó esa frase para ilustrar su apuesta por la continuidad de Sebastián Battaglia, Martín Palermo y Juan Román Riquelme. Concretados los dos primeros, sus esfuerzos se concentraron en el enganche. La negociación, finalizada anteayer con un doble voto del presidente que decantó la balanza hacia la renovación del contrato, ahondó las diferencias en la comisión directiva. Lo que para los hinchas es una buena noticia porque seguirán disfrutando de Román -que firmará hoy-, para la dirigencia es un conflicto que se abre de cara al futuro.
Desde que Ameal vio que la negociación con Riquelme y su agente, Daniel Bolotnicoff, se extendía más de lo aconsejable, puso el tema en manos de Matías Ahumada, un ingeniero que supo responder a Mauricio Macri y que, según cuentan en los pasillos de la Bombonera, "ya tiene vuelo propio". Ahumada y Fabián Beraldi -hermano de José, vicepresidente primero del club- se encargaron de afinar los números.
Cuando la versión definitiva del contrato ofrecido al enganche llegó a la comisión directiva, todos sabían lo que iba a pasar. Era un hecho que el 9 a 8 definitivo se convertiría en un espaldarazo para la gobernabilidad de Ameal. Y también estaba claro que al presidente la jugada no le saldría gratis. Carlos Aguas, tan macrista como Daniel Angelici -el ya ex tesorero que jugó su propio partido en la interna del club, confirmando en declaraciones públicas su cercanía con Mauricio Macri-, ya era el nuevo jefe del departamento de socios, donde se actualiza el padrón. Y los socios, se sabe, definen las elecciones.
El macrismo tomó la continuidad de Riquelme como un calentamiento previo para lo que serán los comicios del año próximo. Detrás de Angelici se encolumnaron Jorge Bittar, José Etala, Aguas, el destituido funcionario del gobierno porteño Raúl Oscar Ríos, Jorge Levy y Carlos Ben. Pero el día después de que Ameal salvara a Riquelme con un voto a lo Cobos , sólo habló Angelici: "En la comisión, a veces se confunde la pasión del hincha con el hecho de ser directivo. Como tesorero sé cuándo un contrato es oneroso o lastima a la institución", criticó en declaraciones aLa Red. Y agregó, en relación con la manera en que se aprobó el nuevo vínculo de Riquelme: "Le hizo mucho daño a la vida institucional de Boca". Además, confirmó su salida como tesorero, aunque indicó que mantendrá su cargo como vocal.
"Angelici manejó todo esto como si estuviera en campaña", dicen cerca de la presidencia de Boca. "Pero nadie salió beneficiado con lo que pasó", agregan. Una votación negativa hacia la continuidad de Riquelme hubiera desencadenado un efecto dominó imposible de predecir, como la posible renuncia de Ameal y el llamado anticipado a elecciones.
A la luz de los números -el resultado preliminar del ejercicio 2009/10 arroja un superávit de 28 millones de pesos, sin contar los más de 10 millones que ingresarán por la venta de Fabián Monzón a Dnipro Dnipropetrovsk (Ucrania)-, los cortocircuitos entre los dirigentes son más políticos que financieros. Incluso, entre los nuevos refuerzos contratados por Boca hay jugadores que -sumando contrato más el valor del pase- costaron más que el nuevo contrato de Riquelme (5 millones de dólares en cuatro años).
Con este escenario, y luego de asumir en circunstancias difíciles -la muerte de Pedro Pompilio-, Ameal apostó en todo momento por el consenso. Y se guió por el termómetro del hincha. Por eso, empeñó su capital negociador en certificar la permanencia de los tres ídolos. Consumado su objetivo, y con la política interna en llamas, sólo le queda recostarse en su palco y desear que al equipo le vaya bien. En que la pelota explote en las redes de los arcos rivales radica su proyecto político de cara a 2011.