El tenista top aparece en el vestuario del torneo y todos notan que el entorno no es el mismo. Hay caras conocidas que ya no se ven. Trámites rutinarios que, ocasionalmente, están a cargo de otra persona. Al grupo que suele rodearlo le faltan integrantes y el único reconocible es su manager. El resto de los jugadores empiezan a hacer correr el rumor y luego la certeza: el tenista top ya no tiene entrenador. Esa noticia tarda un tiempo en llegar a la prensa deportiva y ese dato activa un cruce de intereses y posibilidades que hace mover un mercado casi oculto como lo son para el gran público los vestuarios del deporte.
Probablemente así haya sido la aparición de Andy Murray en el torneo de Los Angeles cuando el circuito se enteró de que había dejado de trabajar con Miles Maclagan. Murray no tiene la temporada que todos pensaron que iba a tener. Rafa Nadal otra vez pudo con Roger Federer y el suizo parece empezar a elaborar como encarar su atardecer. Murray todavía no es lo que se esperaba que fuera para hoy, a esta hora. Entonces decidió reformular su carrera y cambiar de grupo de trabajo. En su sitio personal dio la información de su ruptura con Maclagan ya cuando los pasillos del tenis tenían ese dato.No dice nada de su tarea con Alex Corretja pero habitantes del circuito aseguran que Corretja tampoco seguirá cobrando semanalmente su salario. Todos aman esa parte del deporte británico: el que paga lo hace putualmente cada semana. Y Murray, lo saben los coaches, paga "buena moneda" . Por estos días se sabe que Fernando González también busca entrenador que y Marcos Baghdatis, derrotado por David Nalbandian en la final de Washington, se separó del coach argentino, Eduardo Infantino. El sector está agitado.
Andy Murray dará a conocer el nombre de su nuevo entrenador luego del US Open. Las especulaciones apuntan al australiano Darren Cahill, ex Agassi, ex Verdasco y que no llegó a asumir plenamente esa tarea con Roger Federer a pesar de los mutuos coqueteos. Cahill es uno de los entrenadores estrella de Adidas, desarrolla tareas para la marca y trabajar con Federer traía conflicto de intereses. Para Cahill y para Federer. El mundo corporativo tiene mucho que ver con como se manejan los tenistas top en la contratación de sus entrenadores. Una vez que
Cuando un tenista está sin coach, los agentes de los jugadores revisan sus archivos para ver quienes están libres o con ganas de cambiar de aire. El mercado de entrenadores muestra en sus "castings" tanta variedad de estilos y propuestas como en cualquier otro rubro. Están los que se muestran en los torneos, especialmente en los Grand Slam, para dar a entender que están disponibles. Hay otros muy audaces que mandan mails directamente a los jugadores para comentarles cómo los ven desde afuera, que errores cometen y fundamentalmente cómo corregirlos. Otros cada tanto se comunican con los agentes deportivos para recordarles que esperan una "propuesta interesante". La calidad del entrenador también está relacionada con lo que el tenista está esperando de su carrera. Lo primordial es que hay coaches para cada momento de la vida de un tenista profesional: algunos son buenos para meter a un jugador en el circuito, otros para mantenerlos arriba. Los hay ideales para volver a motivarlos y quienes no cumplen otra función que acompañarlos en los viajes porque las aspiraciones son limitadas. El tenis profesional ofrece diferentes franjas para el desarrollo de los coaches. Así como hay tenistas que encuentran un límite en el ascenso en el ranking, hay entrenadores que son capaces para desenvolverse en un determinado nivel de la industria.
Quienes negocian entre unos y otros en el alto nivel son los representantes de empresas como Octagon,IMG y Ace Group . Ellos concentran los intereses de los principales tenistas (también de atletas de otros deportes) y hacen el rastrillaje. En su tarea pueden andar por un doble carril: representar a un tenista y a un entrenador al mismo tiempo y quedarse con un porcentaje de la transacción. El modelo de negocios difiere según los jugadores. Algunos tenistas ofrecen un sueldo fijo, más un porcentaje de los premios (oscila entre el 5 y el 8 por ciento sobre el bruto o el neto ganado cada semana) y un bonus ranking. Este último aspecto no es otra cosa que un plus por productividad: hay escalas que van del 1 al 5, del 5 al 10, del 10 al 15 y del 15 al 20 del ranking mundial. Depende del tenista y de su posición. Un jugador como Rafa Nadal se maneja con un cachet fijo con su tío Tony Nadal que ya incluye todos los rubros. Por otra parte para jugadores como Nadal, Federer, Djokovic o Murray no tiene sentido negociar con un coach un bonus por estar entre el 15 y el 20 de ATP: a todas luces eso sería un fracaso. En todo caso lo que se arregla con los tenistas top, no importa de que país sean, es un cachet fijo alto y un porcentaje de premios desde cuartos de final en adelante.
La actualidad del mercado de los entrenadores maneja cifras tentadoras para dirigir en el tenis femenino. Hay muchas tenistas del Este con inversores detrás que no escatiman en gastos. Algunos las toman. Otros prefieren pasar por temor a quedar encasillados como entrenadores de mujeres y ya no poder volver del "lado oscuro" para dirigir a un tenista varón con aspiraciones de progresar. Tampoco todas las ofertas laborales en el tenis masculino buscan la superación. Existen casos de agentes que llaman a los entrenadores porque hay jugadores (no son mayoría, claro está) que provienen de familas acaudaladas y los recursos abundan. Más promesas del Este.
Está comprobado que cuando los tenistas top dejan a un entrenador y buscan sucesor esa noticia demora en llegar a la prensa. Para cuando ese dato sale a la superficie, entrenadores y representantes ya se movieron con el ritmo de un corredor de bolsa que sabe a quien venderle y a quien comprarle. Hay que estar muy metido en la vida diaria del tenis para acceder a esa información. Tal vez la más valiosa para el entrenador cuando está solo y espera.