Superada la fiebre mundialista, era previsible que los barrabravas argentinos irrumpieran con su habitual insolencia para quebrantar la tranquilidad y reforzar su posición. Después de la excursión por suelo sudafricano, los violentos se decidieron a saldar los temas pendientes, emparentados con el poder de la tribuna. El comienzo del torneo Apertura se presentó como una excusa perfecta para que las internas por los liderazgos se exacerbaran. Es el momento para volver a recaudar, para engrosar la caja, para afirmarse en los negocios que se tejen alrededor de un encuentro de fútbol. Y nadie está dispuesto a quedarse fuera del reparto del preciado botín.
Sin duda, capítulos de toda clase se desarrollaron en la semana, que evidenciaron que el clima enrarecido está aumentando de manera peligrosa. La visita de los referentes de las dos facciones en que se divide la barra brava de Estudiantes al country de City Bell, mientras se entrenaba el plantel -algo que no es novedoso- tuvo su corolario ayer, en las adyacencias de la cancha de Quilmes. Ahí, fueron demorados 19 simpatizantes, a quienes en el colectivo en que buscaron refugiarse se les secuestraron cuchillas de carnicería y facas tipo tumberas. La hipótesis de que Los Leales , comandados por Adrián El Gato Socio, se establecieron como líderes aparentemente no sería firme.
No fueron los únicos en conseguir un destacado espacio en los medios por sus actos vandálicos. Un par de días después, fue el turno de dirimir diferencias entre los que manejan la tribuna de Vélez. Las desavenencias quedaron expuestas tras el retorno de la Copa del Mundo, ya que quienes conducen obtuvieron 12 pasajes para presenciar el certamen, mientras que los que responden al sector de Fuerte Apache sólo pudieron enviar a un representante. Como se produjeron movimientos en la cúpula, los que estaban relegados pretendieron una mayor consideración, pero por respuesta se encontraron con una rotunda negativa. La solución: una pelea a golpes de puño, en que la barra oficialista mostró sus fuerzas, y una posterior vendetta con disparos de armas de fuego de parte de los que habían sido castigados. Un episodio más de una guerra que ofrecerá nuevas entregas.
En River, todavía no se produjo ningún choque, pero las Bandas del Oeste y los Patovicas de Hurlingham ya enseñaron que están dispuestos a dar batalla por el control de Los Borrachos del Tablón .
También los violentos que se enrolan en la organización denominada Hinchadas Unidas Argentinas fueron noticia. Ahora, después de las desventuras de la travesía mundialista, presentaron un descabellado pedido: ser aceptados como acomodadores en los estadios.
El torneo acaba de empezar; los barrabravas también juegan su feroz campeonato.