Ateo y lector de Noam Chomsky, Pat Tillman renuncia a un contrato de 3,6 millones de dólares anuales como nueva estrella del fútbol americano y se anota como voluntario en el ejército. "¿Cómo puede ser que yo siga jugando fútbol mientras atacan a mi país?", se pregunta tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas. Deja el deporte guerrero y se va a la guerra. "Patriota modelo", lo elogia el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Alistado en los Rangers, Tillman es destinado a Irak. Antes de cumplir un año, se va asqueado de Irak. "Es una guerra ilegal", dice a sus amigos. Quiere respetar su compromiso de cuatro años con el ejército y marcha hacia Afganistán. Muere de tres balazos en la cabeza. Es ascendido y enterrado con todos los honores. El presidente George W. Bush lee un emotivo mensaje que es transmitido en pantalla gigante en el estadio Sun Devil, de los Cardinales de Arizona, el equipo de Tillman en la National Football League (NFL). "Cuanto más amó al fútbol, más amó a su país. Fue un feroz defensor de la libertad", dice Bush. Tillman es Rambo. Falso. Todo es una gran mentira. The Tillman Story, el documental que se estrenó hace una semana en los Estados Unidos, confirma aquello de que "la primera víctima de una guerra es la verdad". Y muestra que todo se hace aún más complejo si en el medio de esa guerra hay un ídolo del deporte.
Tillman está lejos de sus formidables tackles que llevaron a elegirlo como el mejor defensor de la NFL. Es la madrugada del 22 de abril de 2004 y está en las montañas de Afganistán. Un carro Humvee quedó varado en territorio enemigo, en la provincia de Khowst, cerca de la frontera con Paquistán. El ejército ordena recuperarlo. El pelotón de 35 hombres parte en once vehículos y se divide en dos. En el retorno a la base de Camp Salerno, mientras atraviesan un cañón profundo, los grupos pierden contacto radial. El segundo grupo, en el medio del cañón y sin escondite posible, queda bajo fuego de los talibanes. El primer grupo, donde está Pat Tillman, vuelve para protegerlo. El ídolo del fútbol, que tiene 27 años, divisa a su compañero de 19 Bryan O´Neal solo detrás de una roca, aterrorizado. Va en su ayuda. El fuego cesa. El enemigo se ha retirado. Dura poco. Las balas vuelven inmediatamente. Tillman advierte que son de sus propios compañeros del segundo grupo.
"Tengo la solución", tranquiliza a O´Neal. Saca una granada con señales de humo para indicar que son fuerza amiga. No alcanza a tirarla. Recibe tres balazos en la cabeza. Algunos jóvenes soldados, simplemente, tenían ganas de disparar. O´Neal grita desesperado. Está manchado de la sangre de Tillman. Cree que él también está muerto, que es un fantasma. "¿Ustedes me ven? ¿Estoy vivo?", grita en estado de shock a los soldados que llegan al lugar. Esa noche, en Camp Salerno, ya todos saben que Tillman murió con "fuego amigo". Nadie se lo dice a Kevin Tillman, hermano de Pat, que estaba entre los soldados del segundo grupo. El informe que el capitán Richard Scott comienza a elaborar al día siguiente es devastador. Apunta al sargento Greg Baker y a los soldados Pedro Arreola y Ryan Mansfield como supuestos autores de los disparos que mataron al soldado más célebre en Afganistán.
Esa misma semana la prensa difunde las fotos con las torturas en la cárcel de Abu Ghraib. La muerte del ídolo del fútbol llega justo para apagar el incendio. "Tillman enfrentó a un devastador fuego enemigo" y "pese a estar herido de muerte inspiró a sus hombres a doblegar" a los talibanes, dice Bush en un comunicado. Le concede la tercera condecoración más alta y lo asciende post mórtem. Toda la prensa reproduce la historia del nuevo héroe americano. "Se sacrificó en lo alto de una colina para que pudieran escapar sus compañeros", destaca su amigo Steve White en el entierro en San José, California, que es televisado en vivo por todas las cadenas de los Estados Unidos. Su chaleco antibalas y uniforme fueron quemados al día siguiente de la muerte. No hubo autopsia. El teniente coronel Ralph Kauzlarich se encarga de limpiar el informe del capitán Scott. Pasan cinco semanas. Recién allí la familia Tillman es notificada de que Pat había caído ante "fuego amigo". Los Tillman, sorprendidos por la noticia, revisan miles de documentos. Encuentran contradicciones y recurren al Congreso.
"La familia quiere la cabeza de alguien porque no es cristiana y para ellos la muerte no es una vida mejor. Si uno es ateo y no cree en nada cuando se muere no le espera nada. Se lo comen los gusanos." El teniente coronel Kauzlarich respondió de ese modo en un fabuloso informe que espn.com publicó hace unos años sobre la muerte de Tillman. El periodista Mike Fish me cuenta desde Atlanta que revisó miles de documentos oficiales y entrevistó a nueve de los treinta y cinco miembros del pelotón. Ninguno de ellos recibió castigo judicial y tampoco fue echado del ejército. Sólo fueron separados de los Rangers. El único que se animó a mantener su versión fue O´Neal, un mormón que cayó en el alcohol y pensó en suicidarse, pero ahora sólo espera la baja. Kevin Tillman la obtuvo en 2006. Rompió el silencio y escribió: "De algún modo se tolera sacar beneficio de la tragedia y del horror. De algún modo se tolera la muerte de decenas o cientos de miles de personas. De algún modo se tolera la tortura. De algún modo la razón se descarta en favor de la fe, el dogma o el sinsentido". Y agregó: "De algún modo nuestros líderes elegidos estaban subvirtiendo las leyes internacionales estableciendo prisiones secretas por todo el mundo, secuestrando secretamente a personas, secretamente manteniéndolas cautivas indefinidamente, secretamente no acusándolas de nada concreto, secretamente torturándolas. De algún modo, nuestros gobernantes, cuyo único crédito es mentir a su pueblo e ilegalmente invadir otra nación, se han permitido robar el valor, la virtud y el honor de sus soldados de a pie".
El documental sobre Tillman, muy elogiado por la prensa, provoca indignación cuando Amir Bar-Lev, su director, desnuda a los encubridores. Uno por uno aparecen declarando ante el Congreso. Dicen que no saben, no recuerdan o no les consta. Desfilan Rumsfeld y otros señores de la guerra. Entre ellos aparece el general Stanley McChrystal. No sabe explicar por qué se alteró el informe original para que él recomendara a Bush que Tillman fuera condecorado con la Medalla Valor Estrella de Plata. Mentir bajo juramento al Congreso ha llevado hace un año a la cárcel a la velocista Marion Jones.
Los ídolos del deporte siempre son útiles al poder. Roger Clemens, ex estrella del béisbol, corre riesgo de ir a prisión por haberle mentido al Senado en una investigación sobre un caso de doping. Lo mismo puede ocurrirle al ciclista Lance Armstrong si mantiene su inocencia cuando declare ante los legisladores y la justicia, que ya le abrió una causa, comprueba que él también se dopaba. McChrystal no fue a la cárcel. Fue designado jefe de las tropas en Afganistán. El presidente Barack Obama debió echarlo hace dos meses, por unas declaraciones polémicas a la revista Rolling Stone .
El documental sobre Tillman muestra de qué modo el ídolo deportivo fue usado para la propaganda guerrera. "Espero que la historia de Tillman -dice Bar-Lev- nos diga que heroísmo y humanismo no son contradictorios y que el heroísmo es complejo." "Héroe -agrega el director- es una palabra problemática, que dice mucho más acerca de quienes la usan que de la persona de la que están hablando."